Hay letras de José Alfredo que son poesía

El escritor Sergio Ramírez. Cortesía
El escritor Sergio Ramírez. Cortesía

Sergio Ramírez, además de premios como el Alfaguara, el Donoso, el Casa de las Américas o el Internacional Carlos Fuentes, puede presumir de haber visto en concierto a Ella Fitzgerald y Duke Ellington. Quien en otros tiempos fuera líder revolucionario y vicepresidente de Nicaragua, es un notable amante de la ópera. En su libro más reciente A la mesa con Rubén Darío (Trilce), Ramírez comparte recetas de cocina; a continuación comparte sus gustos musicales.

¿Qué música lo remite a su infancia?

Recuerdo un viejo gramófono que tocaba en la casa de un vecino y donde Tin Tan cantaba “En un bosque de la China”, esa es la canción más vieja que recuerdo; otra es “Flores negras”. Los tangos de Gardel eran muy populares. Había un carpintero a quien le decían Caneja por el tango, “fuerza, Caneja”. Las letras de Gardel están en el oído de mi infancia.

¿Lleva música cuando viaja?

Siempre llevo música en mi iPod, escucho música cuando escribo pero nunca una pieza que compita con lo que estoy escribiendo. Me gustan los quintetos de Schubert, la música de Haydn, Brahms y Mozart.

¿Por qué esa música?

Por costumbre quizás. A veces me olvido de la música cuando me concentro, pero de repente, si me doy un respiro, me detengo escuchar y eso me sirve como pausa. Hay una simbiosis entre el acto de escribir y el de escuchar música.

¿Qué música lo pone de buenas?

De la música popular me gusta casi todo. Si me preguntas sobre los cantantes que oyen los jóvenes, me pierdo. Me quedo en Bob Dylan, los Beatles y los Rolling Stones. Los boleros me fascinan, y hay letras de rancheras, como las de José Alfredo Jiménez, que para mí entran en el territorio de la poesía. Canciones como “Vete de mí”, me parece un gran poema; lo mismo que los tangos de Le Pera y Homero Manzi, son poesías que resuelven una historia en tres cuartetos. Como dice la academia sueca al dar el Nobel de Literatura a Dylan: “toda la poesía nació cantada”, es decir, la poesía no se recitaba, sino que se cantaba.