Hay que salir de la indiferencia del patriarcado

La ceremonia de premiación tuvo lugar en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Cortesía
La ceremonia de premiación tuvo lugar en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Cortesía

“Justicia para Liliana, justicia para todas”, fue el grito colectivo con el brazo en alto que encabezó Cristina Rivera Garza al recibir el Premio Xavier Villaurrutia 2021, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, por su novela El invencible verano de Liliana, el relato del feminicidio de su hermana.

En su discurso de recepción del galardón, la escritora anunció un proyecto que impulsa: poner adoquines con los nombres y las fechas de nacimiento y muerte de las miles de mujeres mexicanas que han sido víctimas de feminicidio en nuestro país.

“Tenemos que verlas siempre a ellas, no a sus asesinos. A sus asesinos ya los vemos en todos lados, los asesinos tienen demasiada prensa. Tenemos que verlas a ellas, tenemos que conocer sus nombres, tenemos que toparnos con los lugares donde vivieron, tenemos que poner sus nombres ahí”, dijo Rivera Garza sobre el proyecto de adoquines, emulando el que llevan los nombres de las víctimas del holocausto y que encabeza el artista Gunter Demnig.

Cristina Rivera Garza dijo también que “tenemos que salir de la indiferencia e incluso de la indolencia que el patriarcado y su Estado han impuesto sobre la violencia desatada por lo que Rita Segato nombró como una guerra contra las mujeres”, al hablar de la responsabilidad de quienes son cómplices al ocultar o proteger a los feminicidas, una complicidad que debe ser reconocida castigada por ley.

En su discurso en el que también participaron la escritora Sara Uribe y el poeta y ensayista Armando González Torres, a nombre del jurado del premio, así como la directora del Inbal, Lucina Jiménez, y el presidente de la Sociedad Alfonsina, Felipe Garrido, la escritora aseguró que hay una deuda enorme con todas las mujeres que antes de 2012 murieron a causa de la violencia que se ejerce contra la mujer por ser mujer, que son feminicidios y cuyos casos no se nombraron así.

“Por años, esa violencia soterrada y continua, esa violencia que acalló hogares y derrumbó sueños fue encubierta y confundida, camuflada bajo la capa perversa y poderosa del lenguaje del amor romántico. A mi hermana no la mató un hombre enamorado sino un macho criminal. Mi hermana no murió, fue asesinada. Aún más, fue asesinada por un hombre que ejerció contra ella una violencia inenarrable por ser mujer. Mi hermana fue víctima de un feminicidio y a mi familia y a mí nos importa mucho que así quede registrado en los archivos institucionales”, señaló Rivera Garza, quien aseguró que muchos de estos crímenes pasaron desapercibidos frente a la mirada indiferente de la justicia; “pasaron y siguen pasando”.

La autora de Nadie me verá llorar aseguró que algunos de estos casos fueron archivados como homicidios, incluso como homicidios simples, y más comúnmente estos asesinatos fueron referidos como crímenes pasionales, que es una figura cultural ilegal, que implícitamente culpa a la víctima y exonera al perpetrador.

Armando González Torres, quien fue jurado del premio, destacó que lo que explica el auge de los feminicidios es la impunidad. “No estoy tan seguro de que se pueda y se deba estetizar este tipo de violencia. Creo que, al contrario, debemos leer y escudriñar con ojos críticos estos grandes clásicos que abordan este tema”, dijo, y celebró las muchas virtudes literarias de la obra ganadora, así como el uso de varios elementos como la autobiografía, diarios, testimonios y crónica judicial, que posee el libro de Rivera Garza.