El diplomático y abogado Héctor Cárdenas Rodríguez (Monterrey, 1936) presentó su libro El viento de los precipitados paisajes. Memorias de un diplomático (Librostudio, 2025), en el que recapitula sus orígenes familiares, sus años de formación y su experiencia en el Servicio Exterior Mexicano a lo largo de cuatro décadas en, por ejemplo, Londres, Ginebra, Filadelfia, Washington y Moscú.
“Yo fui un niño de la guerra. Nací en 1936, cuando empieza la guerra en España y luego me toca la Segunda Guerra Mundial. Puede que, en otro caso, un niño no se hubiera interesado, pero como en mi familia había gente que tenía algo que ver con la guerra, lo oía todos los días en la casa, y por eso lo relato ahí. Luego están mis antecedentes familiares; mis abuelos, por ejemplo, que fueron gente muy interesante en el siglo XIX”, afirma, en entrevista.
Busca dejar un recuerdo
Para Cárdenas Rodríguez, el germen de estas memorias fue el deseo de entregarle a su familia y amigos el testimonio de su carrera y vida personal en los 40 años que se desempeñó en el Servicio Exterior Mexicano: “Especialmente porque me di cuenta de que, en la convivencia actual entre padres e hijos, y nietos y abuelos, ya no había la comunicación que existió cuando yo era niño y adolescente; cuando nos contaban la historia de nuestra familia. Ahora, los nietos y hasta los hijos no saben qué hicieron sus padres”.
Inicialmente sería un ejercicio familiar, pero varios amigos lo persuadieron de escribir sobre su vida y relatar sus experiencias: “Después, cuando me di cuenta de la crisis que estamos sufriendo en materia de política exterior desde hace siete años, pensé que me gustaría alentar a los jóvenes a entrar al Servicio Exterior; que se interesen más en las relaciones exteriores de México, precisamente para recuperar lo que hemos perdido en prestigio internacional y que nos costó tanto tiempo fabricar desde la política exterior mexicana, que ha sido brillante. No es cualquier cosa la interdependencia de la que somos partícipes con los Estados Unidos”.
Con el apoyo a terribles dictaduras —continúa—, la posición de México en América Latina se ha degradado enormemente. “En los últimos siete años nos hemos buscado crisis y problemas que no debíamos tener. Por ejemplo, en Ecuador, en Perú, con España, la cuestión de estar pidiendo, exigiendo que nos pidan perdón por lo que pasó durante la Conquista. Ese tipo de cosas nunca se hubieran dado antes. Jamás nos hubiéramos metido en esos problemas gratuitamente”, señala.
Reflexiones
Afirma que, con toda sinceridad y con el ánimo de hacer una crítica que no sea vacía, es necesaria la identificación con el verdadero interés nacional, en lugar de vagabundear en ideologías o cuestiones internas que, en vez de ser proyectadas al exterior, limitan el propio actuar.
“Hay que ser realistas y darnos cuenta de qué tan importante es, por ejemplo, nuestra relación e interdependencia con Estados Unidos. Ese es nuestro principal problema, todas las cuestiones de la agenda entre México y Estados Unidos son muy delicadas: la cuestión del narcotráfico, la migración, la seguridad interna… Y después, viendo lo que ha pasado en otros países y en México en el pasado, hay que tomar decisiones mucho más claras y no aislarnos. Lo que está pasando es una política de aislacionismo porque estamos sin participar en muchos asuntos importantes”, expuso.












