"Verónica Huesca * CP. El arte sacro que se desarrolló principalmente en San Bartolomé de los Llanos, hoy Venustiano Carranza, durante los siglos XVIII y XIX, es expuesto en el anexo de la Catedral en el marco de la Feria San Marcos, que inició el domingo en la capital chiapaneca.
A decir de investigadores como Julio Alberto Pimentel y Gustavo Ruiz Pascacio, el Chiapas colonial es predominantemente devocional, lo que se ve en el conjunto de obras tempranas que marcan las preferencias de las líneas temáticas e iconográficas que son recurrentes durante el desarrollo del siglo XVII y XVIII, como el concepto de Dios representado por el dogma de la trinidad; la vida de la pasión de Cristo, la vida de los santos y de los padres terrenales de Cristo, los misterios gozosos de la resurrección y sus diversas acotaciones.
De los pintores y escultores coloniales poco se sabe, pero se desprende un elemento digno de ser considerado, la persistencia de los apellidos Aguilar y Mazariegos en varias de las pinturas conocidas, lo que implica la existencia de tradiciones artísticas familiares.
Llama la atención, sostienen Pimentel y Ruiz Pascacio, que la pintura religiosa que se creó en Chiapas en el siglo XIX se centra en la representación de figuras excepcionales, mientras que el tema histórico bíblico, los relatos sobre la historia de la iglesia o bien, de las ordenes religiosas, son tradiciones ausentes.
En San Bartolomé de los Llanos se produjo una tradición pictórica y escultórica que marcó la ruta estética chiapaneca. Andrés de Mazariegos, en el siglo XVIII, es el punto inicial donde habrán de vincularse artistas como José Otilio Avendano y Crescenciano Morales.
""Posteriormente, esta escuela pictórica llega a San Cristóbal y Comitán"", explica Gustavo Ruiz Pascacio.
En la exposición podemos encontrar piezas de pequeno formato en las que el interés fundamental es presentar el rostro sufriente y divino de Cristo. Su tamano tiene el propósito de encontrar en los devotos, el acercamiento a esta condición gestual.
Otra obra por destacar es una de las primeras representaciones de San Caralampio en el siglo XIX, que habrá de detonar un culto de impresionante fuerza en los Llanos de Comitán, Las Margaritas, en la población tojolabal y mestiza, por haberlos preservado de la peste a mediados del siglo XIX.
También hay una representación de la Virgen del Rosario, en la que el pintor Otilio Avendano logra trasladar lo que sería el altar público al altar familiar. La obra es ornamentada en hoja de oro, con figuras del nino en términos gozosos ante el regazo de la madre.
Sin embargo, son dos cuadros los detonantes de la estética chiapaneca del siglo XVIII, con el pintor Andrés de Mazariegos: ""El suplicio de San Nicolás de Florentino"", y ""Santa Eduviges"".
""La técnica de Mazariegos es espléndida, no existe otra similar en Chiapas durante la colonia; la forma de representar la piedad angelical, la extrema unción y la búsqueda de la gloria celestial, en el caso de San Nicolás, auxiliado por uno de los padres de la iglesia, es interesante"", dice Gustavo Ruiz.
Mazariegos logra los tonos suaves en una conjunción y contraste con la apreciación de la fuerza del dolor a través de las fases oscuras del mismo lienzo, y lo mismo se observa en Santa Eduviges.
Otra obra es la pintura de San Francisco, de carácter anónimo, que muestra la magnificencia en el trabajo de contrastes de colores; además, tiene una serie de detalles que consolidan un diálogo entre la madera y la presencia directa del color, el uso de la forma y un hecho fundamental en los pintores del siglo XVIII, la búsqueda de la mirada mas allá del cuadro.
En el siglo XIX, gracias a coleccionistas como Manuel de Jesús Caballero Velásquez, quien permitió la exhibición de su acervo plástico, el publico disfrutará de este legado artístico y cultural hasta el 28 de abril.
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