Hombre de barro y bronce

"Fabián Rivera * CP. Tras sortear una serie de dificultades para poder encontrarlo, finalmente pude hallar el taller. Una puerta rojiza coronaba un amplio muro de ladrillos, cobijado por árboles frondosos. ""Usted es el reportero... Pásele, ahorita viene el maestro"", dijo un muchacho que me recibió amablemente.

Un mundo alterno se visualiza al cruzar la puerta. Un camino empedrado que conduce a una amplia galera donde se ubica un horno de ladrillo y varias esculturas. A los costados, diferentes formas parecen custodiar al visitante. Llama la atención una mujer de formas violentas y a la vez eróticas, que cuelga de un árbol y que observa, acezante, el cielo de este mediodía de viernes únicamente recobrado en la memoria.

La naturaleza tiene un lugar primordial en este sitio. El viento corre con libertad y susurra entre el follaje de un enorme bambú, ubicado al lado derecho de la galera, lo que se traduce en una sensación de paz. Este lugar fue elegido en exclusiva para el arte.

El joven que me recibió talla con paciencia una figura humana con gran expresividad. Poco después descubriría que es el hijo del maestro. La escultura, en cuclillas, tiene una actitud de reclamo y rabia. Las manos del joven tallan y tallan la escultura. Y de pronto, el maestro se acerca y le dice: ""No remarques tanto la línea de la espalda"". Es Robertoni Gómez, estamos en su taller, son sus dominios. Me saluda e invita a tomar asiento. Dos opciones: agua o café. Con dos de azúcar por favor.

No sabría por dónde empezar. Había visto a Robertoni en algunas ocasiones, saludando a los amigos, a la vieja guardia de los artistas locales, que siempre sonríen al evocar aquellos tiempos en que Tuxtla era una ciudad más pequeña y dominar a la bestia era más fácil. Los viejos y buenos tiempos.

Siempre sigiloso, discreto hasta cierto punto. Ese era el único antecedente con el que contaba al pensar en Robertoni. Ahora lo tenía frente a mí. Esperé a que el café se entibiara un poco. Las dos de azúcar se deshicieron.



El artista

Visitar a Robertoni Gómez es volver los pasos en el tiempo. Es buscar un oasis en la memoria colectiva, donde se ubican esculturas como la ""Madre Tierra"" o el polémico ""Hombre del maíz"", hasta ahora desaparecido, y que es una herida abierta en el corazón del artista. Intolerancia e ignorancia son las dos bestias que han acechado desde el 2004 a esta escultura, hasta hace unos meses ubicada en la entrada de Villaflores, y que finalmente fue removida.

El ""Hombre del maíz"" sigue desaparecido y nadie sabe su paradero. Fue sustituida por una escultura oficial, colocada con toda la pompa que este tipo de creaciones amerita. Pero nadie sabe nada del ""Hombre del maíz"". No hay noticias suyas.

En Chiapas no hay certeza para los artistas, asegura Robertoni. Existen reglamentos para el patrimonio cultural, pero al igual que muchas leyes de nuestro país, ni las propias autoridades las toman en cuenta.

Pero esto es harina de otro costal. La conversación se desvía. Los reflectores hoy vuelven a Robertoni para hablar de su obra, de por qué, al igual que muchos otros artistas chiapanecos, merece respeto.

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