El museo de la Marimba fue el lugar donde se recordó al maestro Isauro Solís Mendoza en sus facetas de vida, como hombre y padre de familia, como maestro y artista plástico, y como miembro del Ateneo de Ciencias Artes de Chiapas.
Quienes encabezaron esta mesa de remembranzas e historia fueron Beatriz Muñoz Morales, como la moderadora; la poeta Yolanda Molina con la lectura de una semblanza, y el maestro e investigador Mario Nandayapa con una plática a fondo sobre el homenajeado. También se contó con la participación de hija del artista chiapaneco, Martha Elena Solís Morales.
Durante la charla, Mario Nandayapa ubicó la figura de Isauro desde dos aspectos: uno simbólico y el otro humano, comenzando por relatar cómo conoció Isauro Solís Mendoza, hace 25 años, a través del trabajo conjunto de un libro con Jorge Olvera, el cual no se publicó.
El escritor expuso que Isauro fue parte de una generación muy importante de Chiapas, junto con Franco Lázaro Gómez, Máximo Prado, Ramiro Jiménez y todo el grupo de la Escuela de Artes Plásticas de 1946, pero luego tiene el gusto de probar suerte en el mundo de la aviación, por lo cual logró su cometido de viajar por el mundo.
“A pesar de este oficio, las artes plásticas siempre estaban presentes en la vida de Solís Mendoza, pues adondequiera que llegaba, lo primero que visitaba eran los museos. Su actividad estuvo ligada a las historietas, gráficas, dibujo, caricatura, dibujos a carbón, e incluso llegó a pintar un mural en la rectoría de la Unicach, el cual fue destruido tiempo después”, relató Mario Nandayapa.
“Tras jubilarse de la aviación, decide continuar con las artes plásticas y continúa pintando. Fue la pintura la que creó ese vínculo con Chiapas, por lo que empezó a visitarlo de manera frecuente”, expresó. Asimismo, recordó que el maestro era “bastante generoso, ya que por lo general buscaba obsequiar sus piezas”.
Nandayapa destacó que ese grupo generacional al que pertenece Isauro Solís trabajó en algo muy importante, que es la identidad chiapaneca, que viene después de la anexión de Chiapas a México, que es cuando comienza el largo proceso de la configuración de la identidad que antes no existía, y se gestan destellos importantes como el Himno a Chiapas. “Pero el momento realmente climático de esto es precisamente cuando se conforma el Ateneo, que ya había tenido dos intentos previos, pero lo importantes es que a través del arte podemos ver esa configuración”, añadió.
Quien cerró la mesa fue Martha Elena Solís Morales, hija del ataneísta y quien agradeció de todo corazón este homenaje que le hicieron a su señor padre, pues fue un hombre que salió adelantes en cada uno de sus retos.












