Iban de León, una mirada a Cuernavaca

Iban de León, una mirada a Cuernavaca

El poemario Calles del cuerpo anochecido, de Iban de León, forma parte de la nueva colección de libros que el Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas coeditó con Acá las Letras Ediciones.

El citado volumen fue merecedor del Premio Nacional de Poesía Rodulfo Figueroa en su edición 2018, pero fue hasta noviembre del 2019 cuando el libro se terminó de imprimir, bajo el auspicio de la Secretaría de Cultura, por medio del programa Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura (AIEC) 2019.

Ibán de León Santiago radica en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, pero es originario de Oaxaca de Juárez. Kenia Cano, en la contraportada del libro, expresa que “hacía falta esta mirada sobre Cuernavaca, otro oscuro resplandor, la dicha triste de decir: un caminante a la buena en cada calle del poema. Una escritura nítida que exige un ritmo pausado, casi atemporal, que responda al ritmo de su propia sangre”.

Más adelante, expresa que “ni la sombra de la ciudad ni de la infancia podrán negarnos esta voz atenta que ya marca con su paso nuestro mapa”. Por último, explica que Ibán de León nos recuerda que primero se es poeta y después está la hoja.

En el prólogo del libro, Luis Flores Romero apunta que en los libros de Ibán de León hay una intención de descender siempre un poco más a los sótanos anímicos; además de un propósito consiente y creciente de arriesgar más el lenguaje y el manejo de los recursos de este oficio. “‘Calles del cuerpo anochecido’ no es la excepción, ya que aquí se nota a un poeta humano que toca fibras aún más profundas en su devenir por el mundo”, refiere.

Asimismo, apunta que en cada uno de los treinta poemas que conforman este libro el lector encontrará entrañables escenas que permanecen nítidas en la memoria del autor, aun cuando el tiempo las ha ido alejando. Escenas que, a su vez, son transplantadas a los lectores. Y comparte que aunque los poemas que conforman el libro son largos, tanto en extensión como en el aliento de la mayoría de sus líneas, cada texto está sumergido en un silencio iniciático de donde nace toda la verdadera creación.

“No importa a qué hora del día leamos este poemario, siempre percibiremos el tono nocturno de la escritura de Ibán. Una nocturnidad que nada tiene que ver con un ‘yo elegido y superior atormentado’ sino con un autentico orfebre que humanamente consigue reflejarnos en sus poemas”, destaca.

Flores Romero comenta, además, que cada poema que integra la obra es un momento irrepetible, un retrato que al desdoblarse muestra en sus orillas atisbos de tormento, madrugada, oscuridad, temor y tumbas, y todo cuanto brote de la memoria del autor.