En junio de 1969, un mes antes de que el hombre llegara a la Luna, una joven sirvienta colimense que atendía una cena afirmó que Neil Armstrong era de su pueblo natal y le decían “el güero”. Se trata del primer hombre que piso el satélite de la Tierra y era uno de los rostros más conocidos en el orbe.
En la mesa, todo mundo río, pero había un periodista que instantes después escuchó cómo la coordinadora de sirvientas reprendía a la chica porque estaba prohibido hablar del origen del astronauta estadounidense. “Todo esto fue real, la cena existió, también que este periodista fue a buscarlo a Llano Grande para ver si era verdad lo de su origen”, cuenta el productor de cine Ozcar Ramírez González.
Ramírez está al frente de Un mexicano en la Luna, proyecto cinematográfico basado en el libro homónimo, escrito con hechos reales, y que forma parte de la nueva tanda de cintas aprobadas por el Eficine, el cual permite a personas morales y físicas destinar 10 % de su Impuesto Sobre la Renta a la hechura de cine nacional. Silverio Palacios (Matando cabos) será el protagonista, mientras que el comediante Ausencio Cruz dará vida al presidente municipal del pueblo.
Un mexicano en la Luna será la ópera prima del colimense Francis Levy Lavalle, para rodarse en Comala y Guadalajara. Han sido tres años en que Ramírez ha intentado concretar el largometraje. “Es una película recatada en términos de presupuesto para ser de época; Comala siendo un pueblo mágico tiene lo mismo de hace años, así que no preocupa el arte”, señala.
La historia del origen mexicano de Armstrong se plantea como una teoría no comprobada en el libro escrito por Manuel Sánchez de la Madrid a partir no solo de la historia de aquella sirvienta sino de un montón de anécdotas que se contaban en pueblos de Colima. De hecho, se alimentó también por la visita que el personaje hizo en 1969, junto a Edwin Aldrin y Michael Collins, a la Ciudad de México, justo después de su viaje a la Luna.
El recibimiento por la gente fue abrumador aquel día, al grado de que los astronautas lucían temerosos, perdieron una de las medallas de oro que les entregó el regente de la capital e incluso recibieron el beso de una fan. Neil Armstrong dijo que desde la Luna veían a México “como una bella combinación de colores”, y que no podían apreciar las fronteras porque “los continentes se unían tal como la gente debe unirse en propósitos comunes”.











