Un pequeño cubículo improvisado que fue instalado de manera provisional entre el taller de vestuario y el taller de iluminación, que servía como bodega de diferentes materiales flamables, fue el origen del conato de incendio que aconteció la madrugada del 1 de julio pasado en el recinto de mármol.
De acuerdo con la versión de los trabajadores del que es considerado el máximo recinto artístico del país, en esa bodega, donde se almacenaban focos, cartón, utilería y otros materiales que se utilizan en el foro, surgió la chispa que detonó el incendio alrededor de las 5:00 horas.
El incidente, dicen, se suma a la serie de focos rojos que existen y que deben sortearse con esfuerzos: con escasos e inadecuados materiales, que poco importan a la autoridad. Los trabajadores han decidido hablar, pero de manera anónima, dentro de sus propias instalaciones, pero con temor a sufrir represalias.
Esa noche en Bellas Artes había solo cinco personas. El jefe de turno fue avisado de que un compañero se quedaría a pasar la noche en el inmueble, su presencia acabó siendo fundamental: a pesar de que no estaba en servicio, ayudo a quitar el suministro eléctrico del área norponiente, justo en la esquina de avenida Hidalgo y Ángela Peralta, donde sucedió el incendio.
Las diferentes áreas de mantenimiento del inmueble ya habían alertado a la gerente del Palacio, Silvia Carreño; y al administrador, Jesús Sánchez Herrera, sobre la existencia de objetos y materiales que obstruían diferentes instalaciones eléctricas.
La bodega improvisada donde surgió el conato de incendio, por ejemplo, fue instalada sin la autorización de los departamentos de mantenimiento y obras del recinto. Servía a los talleres donde estaba instalada y la autorización para colocarla provino de personal encargado del foro.
Para los dos simulacros de evacuación que se llevan a cabo anualmente en el recinto, los trabajadores ya habían advertido a las autoridades que la bodeguita improvisada estorbaba la libre circulación.












