Interpol resiente secuelas de la pandemia

Para Sam Fogarino, baterista de Interpol, la pandemia fue un periodo de reflexión y análisis, pero también de sentirse impotente por no poder ayudar a todas las personas que sufrieron.

“Fue muy aterrador, no tanto para mí porque soy bastante afortunado, pero no me lo tomo a la ligera y eso me dio tiempo para pensar en los que no van a superar esto fácilmente”, comentó.

Sabiendo su posición privilegiada como miembro de una banda reconocida, Fogarino reflexionó sobre los músicos olvidados y aquellos grupos nuevos que necesitaban de bares y clubes para sobrevivir, lugares que durante la cuarentena por el covid-19 estuvieron cerrados.

“Esas bandas no pueden tocar más porque estos lugares cerraron. Muchas personas están perdiendo. No es como si hubieran tenido la probabilidad de estar ganando toneladas de dinero o algo así”, señaló.

En entrevista, Sam enfatizó que por sus raíces italianas se siente muy conectado con los latinos, y que aunque se dijo feliz de estar en México, explicó que no quería irse del país únicamente con el típico mensaje de “gracias, México”.

“Me deprimí por la pandemia, no podía estar con la gente, me estaba quedando sin comida, me estaba quedando sin dinero, prendía el radio, me subía a mi auto y conducía, ya sabes, problemas de privilegiados, y decía ‘oh, Dios, ¿cómo podemos resolver esto?’, y afortunadamente ya volvimos al trabajo”, destacó.

“Me gustaría agradecer a cada persona, a través de este medio, quiero que vean la honestidad en mis ojos, de que tal vez no pude estar ahí contigo en esos momentos difíciles, pero pensé en ti”, expresó.

La banda integrada por Paul Banks, Daniel Kessler y Fogarino, está promocionando su próximo álbum, The other side of make-believe, que saldrá el 15 de julio, y su regreso a México tras la pandemia, donde ofreció un concierto el sábado en el Palacio de los Deportes.