"México * EFE. Los cambios en la anatomía cerebral y las conexiones entre las neuronas relacionadas con la música, muestran que las zonas que se activan en los intérpretes y su localización son distintas respecto de las personas comunes. Además, el grado de emotividad y percepción que transmite una pieza musical depende de si el oyente tiene o no conocimientos en la materia.
Los sonidos que producen la voz humana o ciertos instrumentos mejoran su salud sicológica y emocional.
También se sabe que el cerebro humano es un órgano plástico, que se moldea con los estímulos culturales que recibe desde la infancia, y que es verídico el llamado ""efecto Mozart"", que hace que los bebés que escuchan música del compositor austriaco en el vientre de la madre a partir de la semana 23-24 de gestación lloren menos, duerman más, ganen mejor peso y tengan mejor plasticidad cerebral después de nacer. No obstante, se desconocía que el impacto de la música en las personas que habitualmente ejercen este arte no sólo hace que su estructura cerebral sea diferente a la del resto, sino que también lo sean sus mecanismos emocionales.
Los músicos y personas sin experiencia musical procesan la música de una forma distinta a nivel cerebral, al punto que el número de zonas que se activan y su localización son muy diferentes entre estos dos grupos.
En una persona sin experiencia musical se activa la zona neural relacionada con la percepción auditiva mientras escucha la pieza; pero, en una violinista, además, se ""encienden"" de forma espectacular las regiones relacionadas con las emociones, la melodía y el canto.
Es decir, la violinista oía la pieza, la cantaba interiormente y la reproducía mentalmente con sus dedos; una sensación mucho más completa que para la persona profana.
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