"México * El Universal. Al igual que Alejo Carpentier cuando escribió ""El reino de este mundo"", Isabel Allende se fascinó con la historia de Haití, sus desgracias y sufrimientos, que reflejó en su más reciente novela ""La isla bajo el mar"".
Pero aunque la escritora chilena considera importante que el país más pobre del continente esté en la noticia, no quiere que su libro se considere obra del oportunismo debido al terremoto devastador que conmovió Haití.
""Es una coincidencia terrible"", dijo la autora. ""Me sentí mal de que el libro fuera a salir ahora (en inglés) y pudiera parecer como un aprovechamiento de las circunstancias, pero por otra parte me parece tan importante que Haití esté en las noticias, que esté en el mapa otra vez y que la gente esté hablando de Haití, que es un país realmente maravilloso y necesita ayuda"", expresó Allende, de 67 años. ""Pero no ayuda que le regalen cosas. Haití necesita manejar su propio destino"".
Su idea original para esta novela era situarla en Nueva Orleáns, pero su investigación terminó por trasladarla a la isla. ""Me di cuenta de que el sabor francés de Nueva Orleáns, la cocina, el vudú, muchas de las costumbres vienen de 10 mil refugiados que salieron de Haití durante la revolución de los esclavos a finales del 1700, comienzos del 1800... y muchos llegaron a Louisiana"", relató. ""Entonces empecé a investigar las circunstancias que los obligaron a salir y así di con la revolución haitiana, que es fascinante"".
""Este libro está colocado hace 200 años (pero) el tema de la esclavitud tiene una vigencia horrenda hoy"", lamentó Allende. ""Hay 27 millones de esclavos en el mundo hoy día y no estamos hablando de las niñitas en los burdeles de Cambodia solamente, sino de gente que está en servidumbre de deuda, por generaciones a veces; aldeas completas que trabajan en la agricultura, en la industria de la pesca, de la madera y de toda clase de 'sweatshops' (fábricas en las que se explota a los trabajadores) en las que la gente trabaja en condiciones de esclavitud"", añadió.
La diferencia, señala la autora, es que ningún país admite que hay esclavitud y por lo tanto no hay ninguna ley de protección.
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