A 132 kilómetros de la costa de San Blas, Nayarit, hay un paraíso: las Islas Marías. Durante más de un siglo funcionó como una prisión y ahora es un centro turístico abierto al público. Pero la belleza de este destino ha quedado eclipsada por la opaca administración de la Secretaría de Marina (Semar).
En diciembre de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador inauguró el Centro de Educación Ambiental y Cultural Muros de Agua-José Revueltas en Islas Marías. Su anhelo de transformar este complejo penitenciario, que en algún momento fue conocido como “el infierno del pacífico”, en un espacio recreativo tomaba forma. Pero su control, al igual que varios proyectos presidenciales, le fue otorgado a las Fuerzas Armadas.
La riqueza de su biodiversidad, su patrimonio histórico, así como la gestión del complejo turístico quedaron bajo el dominio de la Marina. Sin embargo, su administración es opaca en el destino de los recursos que genera, incurre en evasión fiscal, es poco transparente y distante de las autoridades culturales.
“El presidente le encarga sus obras emblemáticas a las Fuerzas Armadas porque no confía en su propia administración y en sus propios funcionarios. Tuvo cinco años para hacer una burocracia más eficaz, más profesional, con mayores capacidades y, al contrario, apostó por su desmantelamiento. Puede verse también como una estrategia de darle continuidad a sus proyectos, a sus obras, pero no a través de un mecanismo democrático que sería con autoridades civiles, sino a través del Ejército”, comenta el doctor Javier Martín Reyes, uno de los autores de Érase un país verde olivo, un libro recién publicado que analiza y señala los riesgos de la militarización en México.
Documentación
En un recorrido, documentó que en ninguno de los servicios y productos que comercializa la Marina dentro de las Islas Marías entregan recibos de compra ni emiten facturas cuando los turistas las solicitan. Estas omisiones están presentes en la renta de bicicletas, la venta de bebidas en el bar, en la tienda de souvenirs y de abarrotes, así como en la tienda a bordo del ferry.
Son miles de pesos que entran cada fin de semana y que no son contabilizados. Sin los recibos, no hay un registro preciso de estas transacciones y su destino. Además, de que una instancia del propio Estado incurre en la evasión fiscal al no proporcionar facturas.
Al cuestionar al personal turístico, que son miembros de la Marina que opera en Islas Marías, sobre la falta de estos comprobantes, se limitan a responder que “no hay”, “no se entregan”, “la máquina está descompuesta”. Pero eso no frena ninguna de las transacciones.
En septiembre de 2022, la Secretaría de Hacienda formalizó la creación de Turística Integral Islas Marías S. A. de C. V., una empresa con participación estatal para “llevar a cabo todas las acciones necesarias para la prestación de servicios turísticos considerados de bajo impacto ambiental”. La Marina es dueña del 99 % de las acciones.
Desde la inauguración del complejo ecoturístico, la empresa de la Marina registra ingresos por 26 millones 596 mil 476 pesos. En 2023, su mejor año, tuvo ventas por 23 millones 805 mil pesos, de acuerdo con respuestas de Transparencia a las que accedió. Sin embargo, cuando se le preguntó a Marina por los ingresos y conceptos, sólo reportó las “ventas por paquetes turísticos”. La dependencia no proporcionó ninguna información sobre las transacciones y ganancias que genera en los diversos productos que comercializa dentro de Islas Marías.
“Entregar a las Fuerzas Armadas proyectos prioritarios parece un esquema conveniente, al menos en este momento, porque son garantía de obediencia, subordinación y opacidad. Casi todas las tareas en las que han sido involucradas las Fuerzas Armadas han sido etiquetadas para garantizar su privacidad en nombre de la ‘seguridad nacional’; ese etiquetado hace que sus funciones se escapen al control ciudadano de rendición de cuentas”, comenta la doctora Guadalupe Salmorán sobre la injerencia de militares en proyectos civiles, quien también es autora de Érase un país verde olivo (Grano de Sal, 2024).












