La regiomontana Iveth Luna Flores (1988) presenta una serie de relatos en el libro Neblina afuera (2025, Sexto Piso) —que pueden hilarse como un solo relato que da pie a una novela— que ponen sobre la mesa el rostro obrero del norte de México, además de presentar una reflexión sobre la cultura obrera que predomina en las familias de escasos recursos en gran parte del territorio nacional.
En entrevista, Luna Flores señala que la obra nació, en parte, de la necesidad de hacer un retrato familiar, por lo que ciertos elementos del libro refieren a experiencias personales y a memorias de su paso por Apodaca, una ciudad industrial que forma parte de la zona metropolitana de Monterrey.
“Habla de este territorio llamado Apodaca, que es un municipio industrial de Nuevo León; y sí abordo ciertas figuras de mi familia, entre ellas mi papá, que fue obrero durante 30 años. Mi mamá también fue obrera algunos años, pero trabajó más como trabajadora del hogar, y en general, quise hacer una reflexión sobre esta cultura tan horrible del trabajo”, expresa la escritora, quien fue becaria en el Centro de Escritores de Nuevo León.
Visión
Uno de los objetivos del libro es contar la realidad de la vida industrial desde dentro de esta misma, detalla la también poeta. “Es justo contar como es crecer en ese contexto e intentar escribir desde ahí, Porque también creo que no es lo mismo escribir desde cierta cultura, yo creo, tan cerrada, tan tradicional, tan conservadora, que en otros espacios un poco más liberadores”, apunta.
Más allá de relatar la cadena de producción que caracteriza a Apodaca, que va desde automóviles, carbón y otros productos, el libro da cuenta de los afectos que se producen en la cultura de la fábrica. “Muestra cómo se traslada esta maquinización de los afectos, esta repetición del trabajo hacia la estructura familiar”, abunda.
Iveth Luna Flores señala que no pertenece completamente a los dos universos que hoy la rodean: por un lado, el mundo del arte y la cultura que se abrió al iniciar su carrera como escritora; y el mundo de la fábrica, ya que ambas partes complementan su historia de vida. “Todavía no sé muy bien cómo se hace esa transición entre ambos mundos. Hace poco leía un ensayo que ahora no recuerdo muy bien de quién era, y que hablaba justo de cómo las escritoras que vienen de la clase trabajadora tienen distintas dificultades para entrar al mundo literario, ya no eres de un mundo ni del otro, sino que ahora estás siempre en esa transición, ya no eres hija de padres obreros, sino que ahora te asumes como artista, es una lucha que siempre está ahí, no se va a ir“, relata.











