En 1963, Jorge Fons formó parte de la primera generación de egresados del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución que este 30 de agosto le entregará la Medalla Cátedra Ingmar Bergman por su amplia trayectoria.
Hace mucho que el cineasta no visitaba Ciudad Universitaria, campus que durante muchos años recorrió al lado de sus compañeros de clase y que le trae gratos recuerdos, el más importante: el CUEC.
“Venir aquí es sinónimo de mucha alegría. La escuela nació con nosotros, es decir, estábamos aprendiendo juntos a ser estudiantes, los profesores a ser profesores y el CUEC a ser escuela”, relató Fons en entrevista.
Sus maestros, “más que ser unos profesionistas del cine, dijo, eran cinéfilos como nosotros, los estudiantes. Nuestras clases eran largas conversaciones de cine y disfrutábamos discutir cuáles eran las mejores cintas del mundo que habíamos visto”. Jorge Fons platicó que en aquel tiempo abundaban los filmes del neorrealismo italiano y postneorrealismo italiano; además, estaba la nueva ola francesa en su apogeo.
Al concluir la carrera de cine, el creador de filmes como Caridad, Los albañiles y El callejón de los milagros, entre otros, anhelaba dirigir su primer largometraje, pero se topó con una industria negada a los egresados.
“El ingreso estaba cerrado a nuevos cuadros porque, según decían en el sindicato, había más directores que películas y no era posible entrar a la industria. Recuerdo que en tercero o cuarto año de la carrera le pregunté a mi maestro de producción Pascual Aragonés, cómo le íbamos a hacer para meternos. Me respondió que nosotros estábamos estudiando como una extensión cultural, pero a la industria no era fácil entrar, que no era posible porque las puertas estaban cerradas”, comentó.
Sin embargo, insistió de cualquier forma hasta que logró colarse como asistente en Los bienamados (1965), una producción de Manuel Barbachano Ponce en la que participaron los directores Juan José Gurrola y Juan Ibáñez.
“De esa manera empecé a participar en películas. Juan Ibáñez después hizo Los Caifanes y volví a asistirlo; esas fueron mis primeras prácticas. Al año siguiente, la productora de esta película me llamó para que yo hiciera la mía. Fue de tres cortos con tres directores distintos: Tito Novaro, Manuel Michel y él”, recordó.











