Durante unas semanas Jorge Zárate, el narco de El infierno o el hombre violento en Señora Acero, se convirtió en Rosita. Para la película Oliverio y la piscina, ahora en posproducción, el actor dio vida a un travesti sin caer en el estereotipo manejado habitualmente en el cine.
La historia, donde también actúa Mónica Huarte, sigue a un adolescente de 13 años en duelo por la muerte prematura de su padre. “La película habla de la paternidad, mi personaje es un transexual, pero hice mi propia investigación y hay una enorme diversidad en ello y entre eso estaba el que podía yo ofrecer con mi físico, características y considerando que al estar en esta casa no podía ser sexuado, nada de tacones o liguero”, cuenta el histrión.
Oliverio y la piscina es la ópera prima de Arcadi Palerm, que cuenta en su elenco con Jacobo Lieberman y los adolescentes Alejandro Arean y Luis Anaya, con locaciones en Cuernavaca. Por ahora, Zárate puede ser visto en la película Fondeados, que se estrena la semana próxima en la plataforma Netflix.
En esta interpreta al padre de Blas (Ricardo Polanco), un “nini” que junto a su compañero de departamento crea una novedosa aplicación. “Creo es una película que habla de la orientación vocacional y lo percibo como un papá muy crítico, que ningunea constantemente el logro de los chicos, que reflejan su amor a través del ‘eres un inútil’ (risas)”, detalla.
Fondeados fue una película que comenzó rodaje previo a la pandemia, se detuvo por medio año y volvió al set a fines de 2020 para concluirse. “Pensé que nos había tronado el proyecto durante la pandemia, pero por fortuna salió avante. Los protocolos son duros y no me molestaron, es lo que nos ha permitido regresar, aunque sea todos tapaditos y aislados”, indicó.
Aún hay pocas producciones, reconoce, pero paulatinamente se irán reactivando.











