Juan José Arreola descansa junto a hombres ilustres

Durante el traslado de los restos del poeta jalisciense. Cortesía
Durante el traslado de los restos del poeta jalisciense. Cortesía

Juan José Arreola Zúñiga, aquel niño nacido en Zapotlán El Grande, el 21 de septiembre de 1918, en el estrago de la gripe española, entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos y que dio sus primeros pasos seguido por un borrego negro que salió del corral, es hoy benemérito ilustre de Jalisco. En su memoria ya no cabe el olvido.

Los restos del poeta fueron llevados por calles tapatías con honores desde el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara a su nuevo hogar, la Rotonda de Jaliscienses Ilustres. El contingente lo encabezaron sus hijos, autoridades estatales y académicas.

“Despedirme de mi padre hoy pasa a ser de Jalisco. Hoy me despido de mi padre, hoy pasa a la posteridad”, dijo Orso Arreola, hijo del autor. Ese escritor autodidacta, que se deleitaba al leer a Walt Whitman, y que fue vendedor ambulante, periodista, cobrador de banco, impresor, comediante y panadero, que no tenía tiempo de ejercer la literatura, pero que dedicó todas las horas posibles para amarla, fue recibido con aplausos al ocupar su sitio de honor.

El autor de Confabulario ahora acompaña a Juan Rulfo, cuyos restos descansan en la Rotonda de Jaliscienses Ilustres.