Su alta silueta no intimida, sino todo lo contrario: ánima a darle un vistazo al mundo a través de una nueva mirada. Ella, definitivamente, está a otra altura, pero una donde los conceptos científicos complejos se pueden traducir en soluciones claras.
La primera pregunta tiene que ver con su trabajo en ARN mensajero (ARNm) con el que se logró una nueva generación de vacunas contra el covid-19. La retrospectiva ocurre a dos años del inicio de la pandemia. El inicio de la historia de Katalin se remonta al 17 de enero de 1955, en Szolnok, ciudad medieval al centro de Hungría, donde le gustaba trepar a los árboles para espiar entre los nidos a los pájaros y verlos salir del cascarón. Pero otro de sus inicios es cuando comienza su pasión por el ARNm. El momento se difumina entre varias pasiones, pero se aproxima más cuando a los 23 años aceptó un puesto en el Laboratorio de Química de Nucleótidos del Instituto de Biofísica, en la Academia de Ciencias de Hungría.
Aunque ya se conocía la existencia de este material desde la década de 1960, aún faltaba mucho para obtener una molécula estable de ARNm artificial, elemento crucial en la técnica de las vacunas contra el covid-19 de Pfizer/BioNTech y Moderna. Sin embargo, en ese momento inició su pasión por la síntesis de moléculas que ya empezaba a ponerle peso a su historia. Las vacunas de ARNm contra el covid-19 se basan en el genoma del coronavirus, en concreto en el gen que codifica para la proteína S, pero la molécula se modifica para aumentar su estabilidad y facilitar que la célula sea capaz de leerla, traducirla y sintetizar la proteína viral. “La vacuna de BioNTech contiene ARN mensajero sintético, una copia fabricada de forma artificial de una sección del material genético del virus SARS-CoV-2”.
Katalin ejemplifica trayectos de un largo recorrido de pruebas para lograr esta estabilización. “El trabajo científico de darse cuenta de los errores; probar una y otra vez, cambiar porcentajes, intentar nuevos procesos. Ese es el motor de cualquier trabajo de este tipo porque buscas algo que no existe, no es algo que puedas simplemente ordenar”, afirma.
Muchos le decían una y otra vez que era imposible que se tratara de un material que se pudiera estabilizar. “En ciencia, nuestro escenario es lo desconocido. Hicimos muchas cosas, cada cosa fue probada porque nadie sabía en realidad cómo funcionaba; cada paso era desconocido y nosotros simplemente tratamos de irlos dando. Finalmente lo que se logra es una plataforma tecnológica que puede funcionar para muchas cosas, además de las vacunas, como terapias génicas”. “El futuro está en realidad en el pasado”, señala cuando se le pregunta por el siguiente paso en sus investigaciones. “En realidad, lo del ovid-19 empezó hace tres años, pero los estudios con los que empecé a trabajar hace 40 años no buscaban de manera específica esto, sino que la molécula de ARNm fuese efectiva y estable sin producir rechazo en el cuerpo y que de esta manera se pudiera emplear en terapias, para beneficio, por ejemplo, de la gente que ha sufrido un infarto. La buena noticia es que la regeneración cardiovascular con la tecnología del ARNm, acaba de dar sus primeras pruebas acertivas en febrero pasado, cuando se inyectó una proteína al músculo cardiaco en una operación de bypass”.
De esta forma Katalin Karikó explica cómo una de sus grandes metas acaba de alcanzarse, pues se probaron favorablemente ensayos clínicos en fase avanzada de esta técnica que podría beneficiar un espectro amplio de enfermedades cardiovasculares.
Además de seguir con estudios en múltiples aplicaciones terapéuticas con la premisa de que las propias células del cuerpo pueden producir las moléculas necesarias para combatir enfermedades, la científica señala que las demás líneas de investigación también siguen un camino favorable. “En el caso de las vacunas contra malaria y tuberculosis aún no se pasa a la etapa de ensayos clínicos, pero esperamos que suceda muy pronto, mientras seguimos con estudios más precisos para su entendimiento”. “Cuando llegó este virus, todo estaba listo... las partes que tienen que funcionar, por el trabajo que ya desarrollábamos contra la influenza”.
Por otra parte, la vacuna contra el VIH ha tenido un buen recorrido. Su socio y su mejor aliado en sus desarrollos científicos, el inmunólogo Drew Weissman, ha dicho que en menos de una década se podría tener una vacuna efectiva para este virus.











