"Fabián Rivera * CP. Dentro de los múltiples festejos de la tradición mexicana, como una representación más del crisol cultural que significa nuestro país, se encuentra el Día de la Candelaria.
La tradicional celebración de partir en compañía de familiares y amigos la famosa rosca de Reyes el 6 de enero, siempre conlleva la expectativa de saber quién será el afortunado (o desafortunado, todo depende del cristal con que se mire) que saque el muñequito de la rosca y sea el padrino de la fiesta del 2 de febrero.
Tamales, atole y demás viandas son parte del menú, que queda a cargo de quien tiene el honor de tener a un diminuto Niño Dios en sus manos.
Aunque lo mejor de esta fecha es ""empacarse"" unos cuantos tamales de chipilín, bola o mole, ¿de dónde provienen estas tradiciones que guardan en su haber un gran cúmulo de historias?
Origen bíblico
Celebrado el 2 de febrero, el Día de la Candelaria da por terminado el ciclo de festividades de la Navidad de la Iglesia católica. En palabras de expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las celebraciones incluyen el sincretismo con ritos prehispánicos, convirtiéndose en una festividad compleja, pues en su esencia también se fusionan la fe hebrea, la cristiana e, incluso, cultos paganos provenientes de la Isla de Tenerife, en las Canarias.
Detrás de la ""tamaliza"", pervive una ""acción de gracias"" que se remonta a los tiempos bíblicos.
La doctora Carmen Anzures y Bolaños, especialista del INAH, explica que en recuerdo de este hecho, de acuerdo con la Ley de Moisés que se halla escrita en el Levítico, los judíos debían presentar a sus primogénitos en el templo.
Asimismo, debían sacrificar, conforme a sus posibilidades, un cordero o un par de palomas blancas, los cuales no debían tener defectos. De esta manera, los tamales son una suerte de moderna (y simbólica) ofrenda para Dios.
La celebración del Día de la Candelaria también es conocida como la fiesta de la luz, la fiesta de las candelas, la presentación del Señor o la purificación de María, y tiene su origen en el pasaje bíblico de la presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén a los cuarenta días de nacido y la purificación de la Virgen María después del parto.
Durante la Colonia
En la Nueva España, durante el proceso de evangelización, los franciscanos introdujeron entre otras cosas el nacimiento; de esa manera, la representación del Niño Jesús se coloca en el pesebre el 25 de diciembre, y pasados 40 días, es necesario llevarlo a bendecir a la iglesia por quienes lo arrullaron la noche del 24.
La investigadora señala que dentro de esta celebración ""pudo muy bien la parte del Niño Jesús estar de alguna manera montada por la Iglesia católica, aprovechando las ceremonias que sucedían en este mismo periodo (al inicio de febrero) en la época prehispánica, que para los pueblos mesoamericanos representaba la última parte de los 20 días de su calendario"".
Esto lo aprovecharon muy probablemente los evangelizadores y, sobre una base que guardaba relación con los niños, empalmaron el culto cristiano.
Una lejana tradición
En Europa es conocida la Fiesta de las Candelas o de las Velas, la cual se fusionó, debido al proceso de conquista, con los ritos anteriores. Ésta tuvo su origen en la Isla de Tenerife, en las Canarias (España).
La leyenda dice que por el siglo XIV unos pastores divisaron una imagen de madera con la forma de una mujer, quien llevaba recostado a un niño sobre su brazo derecho, y en su mano izquierda, una candela o vela.
Como era costumbre entonces, a una mujer sola no se le podía hablar, así que le aventaron pequeñas piedras, y por consecuencia, a uno de ellos se le paralizó la mano y a otro se le rompieron los dedos también de la mano.
Comentaron esto a su gobernante, y éste les pidió que fueran por ella, y al momento de tocarla, ambos quedaron curados. A partir de ese momento empezó su veneración en la cueva donde apreció, pero bajo el título de ""La extranjera"".
Años después, cuando España comenzó su conquista de las Canarias, un niño de ese lugar llamado Antón fue hecho prisionero, y posteriormente bautizado e instruido en el Cristianismo.
Tiempo después, al retornar a Tenerife y ver de nuevo a ""La extranjera"", comentó a los nativos que esa imagen a la que adoraban era ni más ni menos que la madre de Dios.
Se le llamó la Virgen de la Candelaria, por la candela. Aún en la tradición cristiana, el sentido de purificación tiene que ver también con el fuego, es decir, con la luz.
Así pues su devoción en España nació en las Islas Canarias y se popularizó especialmente entre los marineros, que la tomaron como abogada y la izaron al lado de los timones, en las travesías hacia América.
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