La carta de Cohen a una de sus musas

Leonard Cohen y Marianne Ihlen. Cortesía
Leonard Cohen y Marianne Ihlen. Cortesía

Era la mujer más bella que había visto, según las palabras del propio Leonard Cohen. El cantautor canadiense y Marianne Ihlen se conocieron en la taberna del puerto de Hydra, la isla donde Cohen vivió la revolución hippie griega. Este punto del golfo Sarónico servía de refugio a los artistas y bohemios que huían de las grandes metrópolis o, en su caso, de la lluvia de Londres.

La noruega encandiló al cantante, fallecido a los 82 años, y juntos vivieron una amistad con tintes de affaire durante la década de los 60. Ella había aterrizado en Hydra en mayo de 1957 acompañada de su joven novio, el novelista nórdico Axel Jensen. Se casaron en la isla griega y celebraron el convite en una casa sin lavadora ni electricidad. Pero al año siguiente, su marido y padre de su hijo la abandonó y Leonard Cohen apareció en escena. “Aunque lo amé desde el primer momento, lo nuestro fue una bonita película lenta”, diría ella más tarde.

Su romance acabó tres años después, cuando otra de las novias del cantante, Suzanne Eldrod, dio a luz a su primogénito. Marianne volvió entonces a Oslo, aunque siguió en contacto con su amante y amigo. Cuando Cohen supo este año que estaba enferma de leucemia, le remitió una carta que salió a la luz en la radio canadiense por medio de un amigo en común.

Adiós, Marianne

La carta dice: “Bueno, Marianne, ha llegado el momento en el que somos tan viejos y nuestros cuerpos se están desmoronando, que creo que te seguiré muy pronto.

“Estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, podrás alcanzar la mía. Sabes que siempre te he querido por tu belleza y por tu sabiduría, pero ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Mi amor infinito, nos vemos al final del camino. Leonard”.