México * El Universal. Durante la última glaciación, mamuts, rinocerontes lanudos y bisontes deambulaban por el norte de Siberia. Entonces, hace unos 100 mil años -en espacio de unos pocos centenares de años, o apenas un segundo geológico- desaparecieron.
Muchos científicos consideran que un radical cambio en el clima causó la extinción de esos herbívoros gigantes. Pero dos científicos que viven todo el año en las frígidas planicies siberianas dicen que el hombre -por alimento o diversión- cazó a esos animales hasta su extinción.
Los paleontólogos debaten acerca de cómo esos enormes animales desaparecieron repentinamente. Las teorías más convincentes dicen que fue la humanidad y la naturaleza: temperaturas dramáticamente más elevadas que causaron un cambio del hábitat y trajeron consigo una migración de hombres armados con lanzas.
Nadie sabe a ciencia cierta qué causó el calentamiento global entonces, quizás la actividad solar o un ligero cambio en la órbita terrestre. Pero, en un eco del debate sobre el calentamiento global de hoy, Serguei Zimov, director de la Estación Científica del Nordeste, y su hijo Nikita dicen que el hombre fue el verdadero agente del cambio.
Para que los prados siberianos proveyesen nutrición en el invierno, tenían que ser pastados en el verano para producir retoños frescos en el otoño. Las pezuñas de millones de renos y alces, además de los animales mayores, aplastaban el musgo, mientras que el estiércol promovía el florecimiento de los prados.
Al retirarse los hielos al final del Pleistoceno, eso despejó el camino para la expansión del hombre a áreas previamente inaccesibles, como esta zona junto al Mar del Este de Siberia.
El nororiente de Siberia, en la actualidad uno de los lugares más fríos del planeta, estaba seco y libre de glaciares. La tierra se volvió más gruesa, con capas de polvo y plantas podridas, generando ricos prados en los breves veranos.
Cuando llegaron los humanos cazaron no solamente por comida, sino por la grasa que protegía a esos animales norteños del frío, que los cazadores quemaron como combustible. Podrían haber cazado además por deporte, de la misma forma en que los búfalos fueron cazados en el viejo oeste norteamericano, a veces desde las ventanillas de trenes en marcha.
La teoría de excesiva caza por el hombre ha sido muy cuestionada. Partidarios de la teoría del cambio climático dicen que las temperaturas más cálidas generaron bosques de abedules que abrumaron el hábitat de los corpulentos herbívoros.











