"María Antonieta Valera * ""No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y serás diferente"", aconsejaba Charles Chaplin.
Cierto que escuchando se corre el riesgo de que nos convenzan, pero justamente eso es profundizar y madurar. Lamentablemente, algunos prefieren negar los argumentos, o hasta dar la razón a otros, antes que escucharles. Ojalá los políticos escuchasen más a la gente, en vez de desgastarse inútilmente en polémicas condenadas al fracaso por su futilidad o alejamiento de los intereses de la ciudadanía.
En nuestro país, la escucha indiferente está adquiriendo dimensiones monstruosas, si pensamos en las mujeres asesinadas en Juárez, en los muertos de Acteal, en el valor de Lidia Cacho para denunciar la pornografía infantil, y así podemos mencionar hechos de todos los días. Asistimos día a día, sin importar el escándalo moral o criminal que representa cada uno de estos hechos, de manera contemplativa a la anulación de los valores democráticos, tales como la legalidad, la libertad, la justicia, la solidaridad, el diálogo, la igualdad, tolerancia, respeto y pluralidad.
La conducencia del diálogo de escucha, requiere la participación de todos los actores sociales, de los aparatos del Estado, de las Instituciones públicas y privadas, pero también de los ciudadanos, por ello es evidente que el reto para su logro es enorme.
El problema es cómo lograr que los ciudadanos nos decidamos a escuchar, en lugar de permanecer encerrados en nuestra torre de marfil, algo que sólo se logra con la formación de la voluntad y un cambio de actitudes para admitir que a veces no comprendemos la experiencia a la que nos enfrentamos y que por eso hay que seguir escuchando, continuar dialogando; la escucha requiere flexibilidad para abstenerse de la negación y el rechazo a lo que se nos presenta como extrano.
Pareciera que hay fuerzas sociales interesadas en bloquear o distorsionar la atención ciudadana. Se emite mucho ruido para que no se pueda escuchar. Nos mandan información de circo, problemas de la farándula, visitas de famosos, pleitos de alcobas, toallas con precios elevados, todo para distraernos.
Es necesaria una mayor participación de los ciudadanos en la esfera política. Los intereses de unos cuantos suelen gravitar con más fuerza que los de amplias capas de la población.
El fortalecimiento de la sociedad civil se obtendrá en la medida en que ésta logre escuchar y hacerse escuchar, o bien escucharnos entre todos, ya que no se trata de que unos sean los que hablan y otros los que escuchan; es deseable que estos sean roles intercambiables. Por ello, debemos nutrir de manera decidida el diálogo, el cual ocurre entre dos o más personas, con dos o más puntos de vista diferentes, que pueden relacionarse entre sí, al establecer la posibilidad de construir un acuerdo basado en supuestos comunes, conformados por los valores cívicos.
Colocarse en el lugar del otro y reconocerlo, retroalimenta la vida pública, la vida con los otros y construye recovecos que posibilitan la edificación de las virtudes ciudadanas.
Es imprescindible, considerar el diálogo como una virtud cívica de carácter democrático, ya que por un lado, evita el recurso de la coerción y la violencia, y por el otro, abre la posibilidad de cambiar libremente de opinión.
El reto no es convencer, sino simplemente ponernos a escuchar.
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