Verónica Huesca * CP. La manta de algodón es una de las telas que más se utilizan en la confección de los trajes étnicos de Chiapas y del resto de los estados del sureste del país. Aunque actualmente ha traspasado las fronteras, al grado de convertirse en una de las piezas básicas de la moda contemporánea, sobre todo al ser utilizada y vendida durante esta temporada de calor. Sin embargo, la manta es usada en las diversas manifestaciones artesanales de los indígenas de Chiapas. La manta es pintada y bordada con flores de varios colores llamativos para confeccionar su vestimenta, la cual en su gran mayoría están hechos en telar de cintura. Pero son las mujeres quienes se encargan del bordado de la manta de algodón, en la que en su tonalidad de color crudo, primero dibujan la tela con lápiz, dándole vuelo a la imaginación y luego empiezan a bordar, muchas veces mezclando colores y otras haciendo el bordado en un solo color, pero siempre con gran maestría.
Variedad y estilos
El bordado varía de acuerdo a la etnia que se trate, ya que para cada una de ellas hay determinados símbolos representativos, así por ejemplo en Ocosingo, el bordado es de flores, en Carranza, la falda de manta luce una cruz maya bordada, con grecas al final; mientras que los hombres llevan círculos de colores bordados en su pantalón, similar al traje de los Chamulas y de los hombres de Chenalhó.
Aunque en los Altos de Chiapas, debido al frío, la manta es sustituida por la lana, una tela resistente y acogedora para soportar las bajas temperaturas de esa región.
La mujer indígena se dedica al bordado de la manta desde muy temprana edad, siendo apenas una nina, ya que ésta es una de sus principales actividades como mujeres dedicadas al hogar y al cuidado de sus hijos.
Así no es de extranarse que en cada prenda textil se exprese una parte de la personalidad de la artesana que la elabora, actividad que puede llevarle unos tres meses, por lo que su costo es un tanto elevado, pero definitivamente vale la pena.











