Verónica Huesca * Cp. zCuántas veces los chiapanecos hemos visto el Canón del Sumidero, al pasar por la carretera que lleva a Chiapa de Corzo o a la región centro y altos del estado como San Cristóbal de las Casas o Comitán de Domínguez?
Y en muchas de esas ocasiones, hemos dejado de maravillarnos ante la inmensidad y majestuosidad del Canón que emerge entre las aguas del río Grijalva. Y es que la vista se acostumbra tanto a ello, que la riqueza natural de nuestro estado se convierte en algo cotidiano.
Contrario a lo que sucede con los turistas nacionales y extranjeros, quienes al visitar el lugar, se quedan estupefactos al verlo, pero en cuanto conocen la leyenda que rodea al Canón del Sumidero, dicha admiración aumenta.
Cuenta la historia que a la llegada de los conquistadores espanoles a tierras de Chiapas en 1523, los chiapanecas ocupaban la depresión central, en la margen del río Grande, muy cerca del lugar conocido como el Sumidero, donde erigieron la ciudad de Soctón o Nandalumi que hoy se conoce como Chiapa de Corzo, dando inicio la primera expedición hacia la conquista del territorio chiapaneco quedando al frente Luis Marín, quien al enfrentarse con los indios Chiapa, no los pudieron vencer, retirándose del lugar. La segunda expedición corrió con la misma suerte, pero la tercera encabezada por Diego de Mazariegos, se encontró con toda la provincia de los Chiapa levantada en armas, siendo nuestros ancestros los primeros en atacar, la resistencia indígena duró varios días, pero finalmente comprendieron que la derrota estaba cerca, y aquí viene la leyenda que a todos deja perplejos, para evitar ser vencidos los chiapa decidieron arrojarse al Canón del Tepetchía (Sumidero), dando por terminada la batalla de conquista en tierras Chiapanecas.
Su orgullo y dignidad no podían ser por ningún motivo pisoteados, no estaban dispuestos a ser conquistados, a someterse ante una cultura opuesta a la de ellos, a perder su dominio, sus creencias, tradiciones y costumbres; ellos decidieron morir como indios Chiapa, lo que demuestra su gran heroicidad. Contrario a lo que hoy en día sucede con nosotros, siempre dejándonos arrastrar por la colectividad, dejando a un lado la individualidad.
El Canón del Sumidero es entonces, un símbolo de fortaleza, que ha persistido a través de los siglos, y que prevalecerá mucho después de que nosotros nos hayamos ido.











