Ante los medios, Ines Knauss permanece en un discreto segundo plano, pero su presencia en la vida de la primera dama resulta fundamental en su día a día. En todas esas ocasiones en las que Donald tiene que viajar, Melania se refugia en la que además de hermana ejerce como su compañera y amiga desde que eran pequeñas.
En la capital de Eslovenia, Liubliana, compartieron hogar lejos de sus padres para estudiar diseño de moda, y ya entonces no dejaron a nadie indiferente: llamaban la atención por su aspecto tan cuidado.
Cuando dejaron su país para probar suerte en el mundo de la moda –Melania quería ser modelo y su hermana diseñadora-–, lo intentaron juntas, primero en Milán y después en París, antes de mudarse a Nueva York en 1996.
“Ines no era como las otras chicas que te podrías encontrar allí, que se comportaban como reinas. Ella era muy educada y delicada”, comentó el fotógrafo Ale de Basseville que trabajó con las hermanas durante sus inicios.
Cuando la familia Trump llegó a la Casa Blanca, muchos medios escribieron perfiles de los numerosos miembros de la familia del Presidente, y los más incisivos sacaron a la luz algunos trapos sucios pero pocos se acordaron de Knauss porque ella nunca ha sido muy cercana a las cámaras, tanto es así que solo existe una foto pública de las hermanas: en una recaudación de fondos en 2005 en la residencia de los Trump en Florida, Mar-a-Lago.
La filántropa Audrey B. Gruss coincidió allí con ella y aseguró que Knauss le había parecido “una persona encantadora y muy creativa”. Con todo, Knauss está tan presente en la vida de su hermana, que a solo unas manzanas de la Torre Trump, en un edificio valorado en 2 millones de dólares, que también es propiedad del magnate y presidente de los Estados Unidos.












