Hace cuatro décadas, cuando rozaba las 30 primaveras, se encontraba hundido en la pobreza, al grado que para poder comer tuvo que vender a su entrañable mascota, un perro bullmastiff llamado “Butkus”, en tan sólo 25 dólares.
Ese sería, según relató alguna vez el fortachón actor, el momento más triste de su vida, al irse llorando, sintiéndose un fracasado hundido en la soledad y con apenas un puñado de dólares para sobrevivir.
Aquel dolor forjaría el temple de acero de su futuro alter ego Rocky Balboa, pues unos días después de aquel 1975, viendo por televisión una pelea de box entre Muhammad Ali y Chuck Wepner, a Stallone se le ocurrió la historia que cambiaría diametralmente su vida.
Así que comenzó a escribir, durante más de 20 horas seguidas sin dormir, el guión que tenía que ver con su biografía.












