La lucha libre es el teatro de la vida llevado al terreno de la fantasía y del heroísmo, donde hombres superdotados y mujeres poderosas se despojan de su identidad para convertirse en personajes fabulosos, aseguró Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura de la Ciudad de México.
Durante la ceremonia donde se declaró a la lucha libre como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, Vázquez Martín sostuvo que esta práctica es un espectáculo, la representación escénica de la cotidianidad, es drama y magia.
“Esos hombres y mujeres convertidos en invencibles, están dotados de gran fuerza física y valores simbólicos que luchan en el ring. Ahí, se la rifan y arriesgan la vida, en una lucha entre el bien y el mal, metáfora de nuestra vida”, indicó.
Ante un puñado de ídolos del cuadrilátero, cronistas deportivos, familiares y amigos de los gladiadores, así como representantes de las empresas que hacen posible ese deporte-espectáculo, el funcionario abundó que arena, máscaras, misterio, capas, cinturones y botas, rudos y técnicos, pupilas de colores, saltos y caídas, son tan solo algunos elementos que llevan al imaginario a esa práctica.
Citó a uno de los dramaturgos más importantes del Siglo XX, el maestro Víctor Hugo Rascón Banda (1948-2008) al recordar que escribió una obra basada en la lucha libre nacional y cómo la vivimos, Máscara contra cabellera. “Ahí, menciona que los luchadores son como dioses. El luchador, en cada llave, hace un verso. La lucha libre es un poema y el nombre de cada luchador es un cuento y un enigma”, dijo.
Rascón Banda escribió: “La lucha es, en síntesis, un ritual, un oficio rudo y puro al tiempo de ser un arte de fina ejecución. Detona la identificación individual y colectiva, la emoción a flor de piel, la aspiración de ser como ellos. Es una de las expresiones de la cultura popular urbana más arraigadas en la Ciudad de México y del país, y ha trascendido fronteras para llevar esa magia a los rincones más insospechados del mundo”.












