La memoria es la gran aliada del periodismo

El periodista y editor José Luis Martínez. Cortesía
El periodista y editor José Luis Martínez. Cortesía

Cuando una voz crítica se reconoce como tal desde la honestidad y a contracorriente de los discursos oficiales corre el riesgo de ser tachada de herejía. Hay periodistas como José Luis Martínez S. que reivindican este calificativo como sinónimo de libertad, de pensamiento crítico y exigencia intelectual motivada por la curiosidad.

En Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2021), el editor del suplemento cultural “Laberinto” de Milenio reúne varios de sus artículos publicados en años recientes en su columna semanal, reescritos a manera de ensayos breves.

Revela su naturaleza de llevar la contraria desde la franqueza intelectual con varias decenas de autores, algunos desde nuestra realidad inmediata, como José Woldenberg, Isaiah Berlin, Roger Bartra, Gabriel Zaid u Octavio Paz, y otros desde una tradición más universal: Umberto Eco, Arthur Koestler, Hannah Arendt o Federico Finchelstein.

“Este libro, dice, está teñido de una posición política pero también reflexiono de muchos asuntos: las mujeres, la educación, el medio ambiente, las características del populismo y el problema de las redes sociales”, declaró.

¿Cuál es el método que te define como hereje?

Leer sobre lo que me interesa, conocer otras opiniones. Isaiah Berlin dice en un texto que cito: hay que conocer a los otros, a los que no piensan como yo pienso, para conocer sus argumentos. Quizá yo descubra más argumentos para convencerlos a ellos. Creo mucho en la lectura como una posibilidad de crítica, no como un adoctrinamiento.

¿Toda palabra que se opone a la historia como propaganda se considera una herejía?

Amos Oz lo dice muy claro en algunos de sus textos. Lo sintetizo así: “Todo lo que no comprendo, todo lo que no conozco, todo con lo que no me identifico lo llamamos herejía”. Hoy, si no compartes ciertos valores, puedes ser traidor a la patria. Hay algo muy peligroso en esto que nos lleva más allá de lo estrictamente político: la realidad cotidiana. No podemos pregonar la comprensión de lo que pasa si ésta atraviesa el hecho de que el otro acepte lo que yo pienso.

En La democracia en América, Tocqueville tiene un concepto maravilloso: la dictadura de la mayoría que impone sus decisiones en la democracia. ¿Qué sucede con las minorías? Si no entendemos que existen, hacemos una política de exclusión.

¿Qué entendemos por sociedad civil y cuáles son sus puntos ciegos?

Carlos Monsiváis da en el centro cuando habla de la sociedad civil organizada que se reúne en defensa de determinados derechos y es contrapeso del gobierno, que de esa manera puede verse obligado a dialogar. Esta sociedad civil ha hecho posible muchas instituciones del país, como el INE; ha puesto en la mirada pública temas medio ambientales.

También hay grupos que se han organizado para defender sus comunidades de la devastación de talamontes y desarrolladores inmobiliarios. Hay otros movimientos que no han dejado que las cosas se olviden, como el de la guardería ABC, que se ha vuelto tan políticamente rentable. De manera espontánea, a veces la sociedad civil es sumamente importante, como ocurrió en la marcha del silencio contra la violencia, tan descalificada por López Obrador cuando fue jefe de gobierno.

¿Vale la pena desde la sociedad civil rescatar la herencia liberal del siglo XIX?

Hay una serie magnífica que publica Cal y Arena, que se llama Los Imprescindibles, con prólogos de Antonio Saborit, Pepe Woldenberg y Héctor de Mauleón, entre otros. Ante el avasallamiento del discurso del poder podemos ir a las fuentes y conocer el contexto en el que fueron dichas las palabras de estos personajes. De repente algo que dijeron en una circunstancia cambia después. No los principios, pero ciertas opiniones se modifican.

Nos falta decirle al poder que tenemos el poder de la memoria. La memoria es la gran aliada del periodismo. Tenemos que contribuir con un periodismo honesto, inteligente, propositivo, que apueste por poner los temas en su contexto. De otra forma siempre seremos víctimas de la coyuntura.

¿Hasta dónde revisar a nuestros clásicos y las nuevas lecturas de ellos?

No podemos ser condescendientes. La crítica debe ser rigurosa y honesta. Las obras hay que valorarlas por lo que son. Es una herencia para sentirnos orgullosos. Hay que saber que no todo se inventa con nuestra llegada ni con las nuevas generaciones o las redes sociales. Tenemos monstruos como Octavio Paz, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco y creo que la aspiración de los escritores contemporáneos, desde su universo y realidad, es llegar a esas alturas. Desde luego, tampoco podemos ser injustos, dejarnos guiar por prejuicios y pedir “Menos Paz y más Revueltas”, cuando Paz y Revueltas fueron amigos entrañables. En el universo mexicano han existido autores con el coraje y la bilis de Garibay, o quienes terminaron plegados al gobierno de Díaz Ordaz, como sucedió con Martín Luis Guzmán. No por eso vamos a descalificar su obra. “Inventario” de José Emilio Pacheco es un magisterio para explorar diversos temas literarios desde el periodismo sin abandonar una posición sobre la realidad. Siempre asumió una posición desde su poesía sin volverla panfletaria.