"Sara Regalado * CP. Esta vez, la Muerte se quitó el negro y se vistió de colores. El Museo Regional de Chiapas le dio espacio para que se acomodara y se sintiera en casa, acá entre los vivos.
Y ella, ni tarda ni perezosa, aprovechó la oportunidad, pues en uno de los jardines de recinto cultural decidió armar su panteón, donde convivían ""Pacho"", ""La Parquita"", Belisario, ""El Lic."", y hasta Elba Esther Gordillo, cuyo epitafio rezaba: ""Murió de influencia"". La Muerte, por supuesto, no lo hizo sola; ella es buena para otros quehaceres, así que alumnos de la Licenciatura de Historia de la Unicach se ofrecieron a ayudarla.
También estuvo la Huesuda representada en una tumba maya. Esta cultura colocaba el cuerpo en una posición extendida, con la cabeza hacia el norte. Dependiendo del estatus social, era enterrado con ofrendas como cerámica en sus diversos tipos y objetos sagrados hechos de jade, obsidiana y conchas.
Como un acto ya tradicional y esperado, en la ceremonia no podía faltar la procesión de almas, y aun cuando a muchos niños espanta, no es más que la representación de la muerte en una forma jocosa y popular, a través de los diferentes quehaceres de la sociedad. Así, la marcha de personajes de ultratumba recorrió la Calzada de los Hombres Ilustres, entre gritos, risas y frases lanzadas al público asombrado.
Después, con música tradicional de marimba, el público tuvo la oportunidad de observar cada una de las ofrendas dispuestas en el vestíbulo del museo, realizadas por diferentes instancias y grupos.
Fue una noche de fiesta, de asombro, de historia y de tradiciones, de todo lo que envuelve al fenómeno de la muerte.
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