Vivian Gornick (Nueva York, 1935) arrancó en la literatura dando voz a las feministas de la llamada Segunda Ola, el movimiento feminista de los años 70 y 80 que logró hacer del acoso sexual un acto ilegal y del aborto un derecho humano que las mujeres estadounidenses mantuvieron durante 50 años. Hoy, la periodista, escritora y feminista que está en México y es la invitada principal de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni) de la UNAM, dice que el aborto “es una pelea por los derechos de las mujeres que nos va a tomar mil años”.
Considerada una de las voces feministas más destacadas, la autora de Apegos feroces y La mujer singular y la ciudad —publicados en español por la editorial mexicana Sexto Piso—, y quien acaba de lanzar Cuentas pendientes, afirma que la decisión de la Corte de echar el aborto para atrás fue un golpe muy duro. “Me sentí en ese momento tan sorprendida que de repente no creí más en democracia, no creí más en todo lo que había creído en ese momento”, señala.
Gornick recuerda los años de lucha que vivió con miles de mujeres de su generación y rememora sus peleas. “Descubrimos la desigualdad con las mujeres por primera vez”, afirma quien se crío en un barrio de clase obrera inmigrante del Bronx, en Nueva York.
La feminista reconoce que hace 60 años pelearon por el aborto y tuvieron éxito, “ahora, 50 años después, perdemos el aborto”, y aunque señala que ese golpe fue duro y sorpresivo, afirma que este es el siglo de las mujeres por las batallas que se dan en México y en América Latina.
¿Cuál es su reflexión sobre que el aborto en Estados Unidos ya no es un derecho?
Ha sido un golpe duro. Yo soy de la Segunda Ola del feminismo, así que mi generación es de los 70 y los 80, cuando estábamos peleando en los 70 y 80 descubrimos la desigualdad con las mujeres por primera vez, incluso cuando sabíamos que esto venía de una gran historia que se remontaba a los años de la Revolución francesa lo sabíamos aunque estábamos en las barricadas, nos sentíamos revolucionarias, nuestras ideas eran filosóficamente revolucionarias, y ser testigos de esto fue un golpe duro.
¿Es un revés a una lucha ganada que será difícil remontar?
En nuestro momento dijimos todo, es decir, todo lo que tuvo que haber sido dicho lo dijimos, incluso lo hicimos en ese momento, hace 60 años; hicimos que el acoso sexual fuera ilegal y peleamos por el aborto. Y tuvimos éxito. Pero estamos descubriendo, 40 años después, con todo el movimiento del Me Too, que incluso aunque fuera ilegal el acoso seguía sucediendo, y ahora, 50 años después, perdemos el aborto.
¿La conclusión es que si las mujeres bajamos la guardia, las luchas ganadas pueden perderse?
Todo esto me lleva a la conclusión de que la pelea por los derechos de las mujeres nos va a tomar mil años. El aborto es uno de los asuntos más primitivos en el mundo, no me sorprende que esto haya sucedido porque Estados Unidos es un país lleno de contradicciones, es un país de extremos, incluso hay muchas personas conservadoras que están a favor del aborto pero Estados Unidos se mueve por pequeñas luchas de pequeños grupos; sin embargo, gracias a la lucha de estos pequeños grupos es que cuando Donald Trump estaba en el poder no pudo hacer todo lo que quería, porque eran muchos pequeños grupos que se lo impidieron y eso fue positivo.
¿Hechos como este, desde gobiernos de izquierda o derecha, han sido duros golpes para las sociedades actuales?
Claro, pero, al día siguiente de que fue electo Donald Trump, nos levantamos completamente sorprendidos y dijimos “¿qué es lo que está pasando aquí?”. Ahora entiendo que es algo que está pasando en el Occidente, hay mucha gente que está decepcionada de los sistemas de gobierno, muchas personas de la clase trabajadora están hartas ya de cómo funciona, en ese sentido entiende lo que está sucediendo con los cambios de gobierno.
Cuando se dio lo del aborto me sentí tan sorprendida que de repente no creí más en la democracia, no creí más en todo lo que había creído hasta ese momento. La decisión de la Corte de echar el aborto para atrás fue un golpe muy duro.
Cuando la Segunda Ola, la escritura en su casa fue su arma. En este caso, ¿la escritura vuelve a ser la opción para seguir dando la batalla?
La escritura funciona de manera completamente diferente a como funcionó en mi generación, ahorita hay muchos periodistas escribiendo sobre el tema cuando en mi generación estaba el sentimiento de descubrir; muchas mujeres que estaban escribiendo sobre todo, por este sentimiento de estar descubriendo y estar tocando un tema que no había sido tocado nunca.
Ahora, en el presente se escribe muchísimo, pero se escribe sobre todo desde el periodismo, por ejemplo vemos cómo en The New York Times se están señalando temas, cifras, datos, pero no hay como en mi generación grupos de mujeres que escribían sobre todo, o de muchos temas y desde muchos lados diferentes.
¿Todavía no llega quizás el tiempo para la escritura personal, que nazca desde la experiencia, desde adentro, desde el cuerpo?
Es muy posible, así lo creo. Por supuesto que van a llegar estas escritoras, pero no va a suceder de la noche a la mañana, es como el movimiento pacífico de Vietnam, que es un movimiento que es lento, es poco a poco. Hace 50 años que fue legalizado el aborto pero las marchas vinieron después, no vivieron de inmediato, pero venían personas de áreas rurales, personas muy conservadoras que marchaban a Washington, mujeres no necesariamente politizadas, pero que sabían que el aborto les competía, sabían lo que eso era y luchaban por eso precisamente. Esos tipos de movimientos no suceden de la noche a la mañana, y en México tampoco suceden de la noche a la mañana, pero están sucediendo igual que en América Latina.












