La persona detrás de Albertano

Ariel Miramontes se sabía tímido. ¿Coquetear con una mujer? Ni soñarlo. ¿Un albur? No lo entendía. Pero tenía un talento que lo salvaba del anonimato: su facilidad para hacer reír.

Era el típico niño que imitaba a los profesores en su ausencia. La risa se convirtió en el arma para conquistar mujeres y su herramienta de trabajo desde hace 15 años, inspirado por el estilo humorístico de La India María.

Ariel tiene en Albertano a su álter ego, un hombre extrovertido que busca afanosamente mostrar su habilidad de ligue con las chicas y sueña con ser cantante grupero.

¿Albertano es distinto a ti?

Sí, él es más espontáneo, más creído de sí mismo, es muy seguro, se siente muy galán, él es más como un niño y yo no.

¿Y es políticamente correcto en su coquetería?

Albertano no lanza piropos muy atrevidos, es muy educado, más formal, más hijo de familia, no creo que sea políticamente incorrecto.

¿Crees que ahora sea más difícil hacer comedia que antes?

Sí, con lo políticamente correcto e incorrecto no se pueden hacer muchos chistes de muchas cosas, pero es el caso de Albertano, porque es un humor blanco totalmente, no le ha afectado para nada.

¿Le has puesto algún tipo de límites?

No, porque es muy familiar, muy ingenuo en sus comentarios, no es alburero, ni malintencionado.

¿Crees como él que con humor puedes conquistar?

Totalmente, porque a las mujeres les gusta divertirse.

¿Tú eres coqueto?

No me considero así por lo tímido que soy.

¿Cómo fue el momento en que te descubriste humorista?

Desde siempre quise ser actor, pero no sabía que terminaría siendo comediante, descubrí mi pasión por la comedia en un show llamado “Ropa tendida” al que me invitó Mara Escalante a trabajar con ella, ahí empecé a hacer stand up y ya no lo pude dejar. Mara me enseñó el mundo de la comedia y lo divertido que es. Le debo mucho.

¿No te da miedo encasillarte, como le pasó a la Chilindrina o a Kiko?

No, para nada, de hecho estoy trabajando en una película y no voy a ser Albertano. Ya he trabajado en otro tipo de cosas como (la obra) Sugar, donde hacía otro personaje que no era Albertano.