Tras la noticia del exilio del rey emérito Juan Carlos I, quien se dispone abandonar España para evitar las averiguaciones de sus cuentas bancarias relacionadas con la monarquía, el mundo ha puesto la mirada en su esposa, la reina Sofía, una mujer ajena a los escándalos de su marido que ahora enfrenta la humillación encerrada y triste en Mallorca.
Este verano no ha sido igual que otros años para la familia real de España. La reina Sofía, quien solía recorrer los mercados y tiendas locales de los alrededores del palacio de Marivent, ha cancelado su visita tras la noticia del exilio de su esposo, lejos de la prensa y del público, pues no es la primera vez que la mamá de Felipe de España tiene que afrontar con estoicismo una desdicha como esta.
Sofía, quien es una princesa de orígenes greco daneses, también experimentó el exilio de su hermano, Constantino de Grecia II, quien tuvo que huir de su país natal tras un breve reinado, de 1964 a 1967, interrumpido por un golpe de Estado.
Asimismo, la relación de su hijo, el rey Felipe, y su aún esposo, el rey emérito Juan Carlos, ha dejado en una tensión tremenda a la reina, luego del tumulto que provocó el encarcelamiento de su yerno, Iñaki Urdangarín, esposo de su hija la infanta Cristina, por el caso Nóos, relacionado con fraude y robo de dinero.
La monarca nunca tuvo una sola nota mala en todo su reinado, mientras sobrellevaba la pérdida de su familia que fue obligada al exilio, enfrentó los múltiples rumores de las relaciones extramaritales de Juan Carlos I, pero nunca se le vio caer en algún escándalo, no se le conocieron amistades peligrosas, ni mucho menos se le vio haciendo algo indebido.
A sus 81 años, la mamá de Felipe es uno de los rostros de la monarquía española más populares y aún apreciado por los contribuyentes españoles.











