La subasta del Mov. es una obra conformada por siete piezas de danza, creadas por la compañía Me Rindo Producciones, que el público adquiere mediante una puja como parte de la representación. el proceso se lleva a cabo con pedazos de papel cuyo valor monetario es ficticio y que se les entrega a los asistentes junto con su boleto de entrada. También se les da un antifaz y una paleta.
En palabras de la directora de la compañía, Ana Patricia Farfán, el punto de partida del “dispositivo escénico” es la pregunta de los bailarines de danza contemporánea sobre la entrega desinteresada al trabajo, en términos económicos, y la necesidad de cobrar por este, un oficio hecho con “sus recuerdos, su vida entera y su sudor”.
“Estoy totalmente de acuerdo con la lucha de quienes hacemos danza contemporánea por tener pagos justos, prestaciones, Seguro Social. Pero esa tensión de la que hablaba para mí no es una carencia, sino más bien una potencia de la danza, una potencia subversiva en el contexto de este capitalismo tardío, donde cada respiro que damos es susceptible de ser monetizado. Entonces, la obra divierte y, a la vez, confronta. La gente acepta el juego, lo cual no le quita momentos con preguntas incómodas sobre cómo se relacionan los deseos y el dinero”, cuenta en entrevista la coreógrafa e investigadora.
La propuesta se estrenó en el Festival Performática, en Puebla 2018, y desde entonces se ha presentado en recintos y encuentros de México y fuera del país, como el Centro Cultural los Talleres, el Festival Poéticas Experimentales de Colombia y el Centro Cultural de España, entre otros.
“El público la ha recibido muy bien y participa como creador, ya que ‘La subasta del Mov.’, más que ser una obra que se presenta, es un dispositivo que se activa con la participación. Al principio, los asistentes a la obra se sienten cohibidos, expuestos, pero después se relajan y reflexionan sobre temas incómodos que probablemente ellos mismos no se habían cuestionado antes. La forma en que las piezas son adquiridas por su comprador también es una oportunidad para interactuar e intervenir”, señala Ana Patricia Farfán.
Todas las obras fueron creadas por Me Rindo Producciones, salvo un fragmento de una que pertenece al colectivo de bailarines ingleses DV8 Physical Theatre. “Son muy diferentes entre sí porque justamente tratan de presentar varias formas en que la danza, concebida como arte, se vuelve invaluable desde el punto de vista monetario”, añade, y precisa que se trata de un cuestionamiento sobre el propio deseo y sus formas de abordarlo. “La pregunta, a fin de cuentas, se trata de aquello a lo que le damos valor”.
La coreógrafa de My tempest y ¿Qué hice esta mañana?comenta que, por lo general, las subastas se asocian a las artes visuales. “Pero en este caso se trata de artes vivas. Eso es imposible. ¿Cómo se crea la ficción de una subasta así? Entonces, el público se confronta con algo invaluable: la precariedad que subyace a todos los elementos propios de la escena, que es algo inasible y transcurre en el tiempo; sería difícil convertirla en un objeto”, detalla.
Las siete coreografías son variadas entre sí y van desde una reinterpretación de la danza del venado, que data de la época prehispánica, hasta una pieza inspirada en el pintor Francis Bacon. “A través de cada obra queremos plasmar las características de lo invaluable en la danza contemporánea”, concluye Farfán.
La subasta del Mov. es uno de los proyectos que ganaron recientemente el estímulo del Circuito Nacional de Artes Escénicas Chapultepec: Danza y Espacios Autogestivos.











