Una serie de sitios arqueológicos preislámicos iraníes fueron añadidos a la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, junto con los edificios art decó de Bombay y varios templos budistas coreanos, anunció la agencia de la ONU, reunida en Baréin.
Los ocho sitios retenidos en Irán aparecen colectivamente en la lista de patrimonio universal bajo la designación de “paisaje arqueológico sasánida de la región de Fars”.
El Fars, una provincia del sur del actual Irán, es cuna de la dinastía sasánida, aparecida a inicios del siglo III de nuestra era. Los sasánidas reinaron en un territorio que, en su apogeo, abarcaba del oeste de Afganistán hasta Egipto, antes de sucumbir a la conquista árabe bajo el califato de los omeyas, a mediados del siglo VII.
“Estas estructuras fortificadas, palacios y planos urbanos se remontan a los primeros y últimos momentos del imperio sasánida”, escribió la Unesco en un comunicado. Con este nuevo sitio, la República Islámica de Irán cuenta con 23 bienes inscritos en la lista del patrimonio cultural mundial, y un sitio natural.
En India, los edificios de estilo Bombay art decó también fueron añadidos a la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, sumándose a la arquitectura victoriana de la ciudad. El Bombay art decó se considera el segundo conjunto más importante del mundo, por detrás de Miami, de esta tendencia arquitectónica que causó furor en Estados Unidos y Europa en los años 1920-1930.
La mayoría de los edificios de este estilo, amenazados por la especulación inmobiliaria de la megalópolis, se construyeron entre principios de los años 1930 e inicios de la década de 1950, en el ocaso del periodo colonial británico. Muchos de ellos se sitúan en el sur de la ciudad, donde contrastan con las construcciones de estilo neogótico victorianas.
Otro de los sitios elegidos este sábado por la Unesco para integrar su lista de Patrimonio de la Humanidad son los “sansa”, siete antiguos monasterios budistas de montañas de Corea del Sur construidos durante el periodo de los Tres Reinos, que se extendió hasta el siglo VII de nuestra era.
El budismo se importó a la península de Corea en el siglo IV y fue aceptado por los antiguos reinos de Goguryeo, Baekje y Silla, estableciéndose como religión nacional por más de mil años.












