Todo el día 11 y la mañana del 12 de noviembre la Avenida Central de la capital recibió la visita de millones de peregrinos, quienes salieron a festejar a la Virgen de Guadalupe. Dos de las congregaciones mayores fueron las provenientes de lugares como Villaflores y Villacorzo, que paralizaron la vía del lado oriente por más 3 horas debido a la gran cantidad de fieles.
Globos, imágenes, pirotecnia, sirenas, cruces, altavoces, alegría, fe y devoción fue lo que los guadalupanos trajeron con esta peregrinación que comenzó desde hace 3 días y que recorrió más de 90 kilómetros.
Sin duda la capital se paraliza para ver llegar todas las agrupaciones que forman parte de esta actividad religiosa, con personas que se reúne y se organizan para juntos celebrar a uno de los santos más venerados de toda América Latina.
En tanto, en la Ciudad de México se habían reportado cuatro millones 250 mil feligreses dentro y fuera de la Basílica de Guadalupe, según informó la delegación Gustavo A. Madero. Además, indicaron que durante todo ese día, así como el domingo 13, continuaría el arribo de peregrinos.
Por medio de un comunicado la demarcación dio a conocer que se han registrado dos mil 722 emergencias médicas por molestias menores como fatiga y se hicieron dos traslados, uno al hospital General de La Villa, por descompensación metabólica y otro al hospital General de Ticomán, por posible apendicitis.
La aparición de la Virgen Morena se suscitó el 9 de diciembre de 1531 en las cercanías de la Ciudad de México, entonces ciudad capital del imperio Azteca, y es presenciada por el indio Juan Diego, a quien pide que transmita al obispo del lugar su deseo de que se construya un templo dedicado a la misma Virgen en el cerro Tepeyac.
El obispo, al escuchar el relato del indio, le pide una prueba de la presencia de la Madre de Dios allí. María hace crecer entonces un jardín de rosas en un cerro inhóspito y semidesértico, y se las hace recoger en su tilma (especie de poncho o manta) a Juan Diego. Luego le pide que se las presente como prueba al obispo. Cuando el indio muestra su tilma al obispo, caen las flores al piso y aparece milagrosamente retratada la imagen de la Virgen María en la rústica tela.












