Fabián Rivera. CP. Fue una tarde emotiva para Mario Nandayapa, galardonado en esta ocasión con la medalla “Ángel Albino Corzo” 2011. Impulsada por el ayuntamiento de Chiapa de Corzo, la presea fue entregada el jueves, en sesión solemne de cabildo, en punto de las 7 de la noche en el Parque Central de dicha ciudad colonial.
Institucionalizada en el 2006 para reconocer el trabajo de los hijos predilectos de Chiapa, esta presea ha sido entregada a Carlos Navarrete (2006), Marco Antonio Orozco Zuarth (2007), Antonio López Hernández (2008), Mario Aguilar Penagos (2009) y María del Carmen Hernández Acevedo (2010).
Cada uno de los galardonados, desde sus propios ámbitos, ha gestionado y contribuido al progreso de la ciudad. Se hizo público el reconocimiento por la labor de Nandayapa, por su trabajo como escritor e investigador. “Tengo puesto mi interés en Chiapas”, aclaró el autor en su discurso.
“Yo me imagino como un carpintero que salió a buscar sus herramientas, sus instrumentos para trabajar. He buscado tener dichos instrumentos para poder transformar mi realidad inmediata.
“Recibo este premio no sólo en términos de un reconocimiento, sino en términos emocionales. Tengo un secreto que esta noche voy a confesarles –apuntó–: cuando me asalta la nostalgia por mi pueblo, tengo algo maravilloso que logra mitigar esa añoranza… un frasco que conserva la tierra de mi pueblo, y que tengo siempre sobre mi escritorio”.
Asimismo, argumentó que un premio no legitima el trabajo. Y aunque muchas veces la labor sea realizada con compromiso y entrega, no todos quedan siempre satisfechos con el ganador de una justa determinada.
En este sentido, puso como ejemplo el caso del médico Hernán León Velasco, que en 2010 fuera acreedor al premio estatal de poesía “Enoch Cancino Casahonda”, lo que desató diversas reacciones, “como una muestra de perversidad”, apuntó Nandayapa, “contra un libro que ni siquiera se había publicado”.
Con este ejemplo, el también poeta invitó a los asistentes a comprometerse desde sus propios ámbitos con el oficio que desempeñen: “Todos los oficios son realmente meritorios, salvo que no se hagan con pasión”.
“El reconocimiento no me lo hacen a mí, sino a todo el pueblo; todo este acto simbólico reconoce el trabajo de toda una generación”, añadió. Para cerrar su intervención, adelantó que el año próximo –“un año de mucha dinámica”, aclaró– trabajará sobre el concepto de las fronteras culturales y las regiones.
“Provenimos de una misma cultura; los límites políticos actuales nos han divorciado. Esta gran región cultural –que se extiende hasta Centroamérica– no ha sido debidamente estudiada”.
Finalmente, anunció que trabaja en el proceso de dar a conocer, por medio de distintas estrategias, investigaciones concernientes a la lengua chiapaneca, “que forma parte de nuestra identidad”.
Un diccionario que registra 12 mil vocablos de esta lengua, además de una gramática y un método para su enseñanza, son algunas de las iniciativas que dará a conocer de manera formal el año próximo; proyectos que han contado con la colaboración de su padre, Mario Aguilar Penagos.











