“Se han metido muy dentro de mí los refranes, hablamos mucho con ellos y tengo una idea muy precisa de lo que son. Son la flor y nata del lenguaje, la gota de miel que endulza las palabras”, dice el autor, quien quedó impactado y reconoció la fuerza expresiva de estos cuando escuchó a su abuela decir uno en cierto momento crítico de su vida que lo dejó marcado para siempre.
“Tengo metido un refrán que es el que más me ha penetrado, eran los tiempos de la Guerra Civil española (1936-1939) y un tío mío tuvo que ir joven. En una de sus cartas dijo que iba entrando a Madrid y que pronto estaría tomando café con su hermana y su madre”, recuerda el escritor. “Pero la última carta ya no vino de él, era de uno de los jefes de su unidad avisando que estaba herido, y mi abuela, que estaba sintiendo lo que una madre cuando no puede ver a su hijo herido, dijo ‘ojos que no ven, corazón que no siente’. Ese es para mí el gran refrán”.
La sabiduría que englobaba el mensaje que su abuela había enunciado en un momento tan difícil, dejó en el escritor las ganas de explorarlos de diferentes maneras, y aunque en su libro expone más de tres millares de refranes, no se dice un experto de estos. Palomar llegó al país en 1957 y más tarde se nacionalizó mexicano.
Con una vida hecha en México, y con una pasión especial por los dichos populares, el escritor comenzó a buscar definir el origen de los refranes cuando se dio cuenta de que había muchos de estos que se creía eran mexicanos, pero en realidad provenían de otro país. “Quise hacer un trabajo para distinguir el refranero de españoles y mexicanos, hice un acopio de muchos refranes de libros y los mandé a España con amigos míos para que los analizarán a partir de un criterio contrastativo”, recuerda.
Para ello, el escritor de 90 años no paró de recorrer bibliotecas en España y México y los resultados fueron gratificantes. Finalmente, reflexiona: “En México son muy agudos para los refranes, pero se están perdiendo, no se han recopilado y están esperando, como dice (Gustavo Adolfo) Bécquer, ‘el ingenio está dormido y está esperando una voz que le diga como a Lázaro, levántate y anda’, para que los ponga a disposición de todo mundo”.












