Durante todo el domingo (un 27 de junio de 1999), ante cerca de 250 mil personas, Tony Hawk había intentado un truco con la patineta una y otra vez. Lo había hecho cuando sonaba “She”, de Green Day. También cuando la gente coreaba “Police Truck”, de los Dead Kennedys.
Tras el “900” y el videojuego (y su soundtrack), todos comenzaron a preguntar por esos Dead Kennedys. Empezaron a llevar el logotipo de Rancid. A saturar de Green Day a MTV. A corear a Sublime. El punk rock estaba ahí y California (junto a Tony) lo había traído de regreso.
Cinco años atrás, en el año conocido como el One One Nine Four (título también de un documental que retrata la explosión musical de la región en ese año), cuatro discos provocaron que los ojos del mundo se pusieran de nuevo en California: Dookie, de Green Day; Stranger than fiction, de Bad Religion; Punk in Drublic, de NOFX y Smash, de The Offspring.
Una generación autodidacta que había aprendido a gestionar sus sellos (Epitaph, Lookout, Fat Wreck Chords o SST). Al igual que la comunidad afroamericana, el white trash de los suburbios se enfrentaba en los 70 con la policía californiana mientras buscaba espacios para construir su identidad y aquí es donde aparece Rodney Bingenheimer como figura esencial del relato.
Fundador del Bingenheimer’s English Disco club (donde Iggy Pop era el gran anfitrión), Rodney se convirtió en la pieza clave para dar el paso del glam rock, que dominaba la escena californiana, hacia el punk inglés. Con su programa Rodney on the ROQ, en la estación KROQ, Bingenheimer puso en el imaginario a bandas como The Clash y Sex Pistols mientras buscaba a los Blondie y los Ramones de California, mismos que encontró en 1976 en dos bandas: Germs, de Los Ángeles, y Dead Kennedys, de San Francisco, con las que comenzó a gestarse una escena que en un par de años, para ser exactos en 1978, ya contaba con grandes leyendas en su lista, comenzando con Black Flag y terminando con Circle Jerks y Social Distortion.












