Las chuntás prenden la fiesta

"Fabián Rivera * CP. Como un reguero de pólvora encendida, cientos de chuntás asaltaron las calles de Chiapa de Corzo en el inicio de la tradicional Fiesta Grande de Enero. El pueblo mágico lucía apacible poco después de las 4 de la tarde, y en la explanada central se asomaban, a los ojos del visitante, juegos mecánicos, puestos de fritangas y dulces típicos, elementos de protección civil y algunos transeúntes.

Todo apuntaba a que este sería un martes como cualquier otro. Sin embargo, el aroma de la fiesta ya asaltaba los olfatos amañados de quienes llegaron al pueblo ""buscando su mal"". Y fue así como llegamos a la casa de los Madrigal Nigenda, hogar de la Pandilla de Gerardo -alías ""El Jerry""-, la ""jauría"" de chuntás que nació hace varias décadas para rescatar del olvido la leyenda de las servidoras de María de Angulo.

Poco después de las 6 de la tarde, el cubil del Jerry comenzó a llenarse. Una marabunta de hombres y mujeres, propios y extraños, acudieron fieles a la cita anual para recordar a su señora. Entonces inició el ritual de las transformaciones. Todos cambiaron los pantalones por enaguas; las playeras y camisas por blusones blancos rematados con olanes; las gorras por coronas de trapo y trenzas improvisadas. La simpleza del rostro por el maquillaje colorido.

Entonces, todos listos comenzaron a gritar: ""¡Viva la Fiesta Grande! ¡Viva! ¡Viva San Sebastián Mártir! ¡Viva!"" Y la espera terminó: de pronto apareció un misterioso personaje, que habita también el barrio de San Jacinto: el abrecampo, que con escoba en mano y su anatomía fulgurante por el aceite y el ollín entremezclados, pedía a todos que permitieran el paso, que abrieran el campo para que las chuntás pasaran, para que la marabunta del ""Jerry"" se soltara del nido y pudiera incendiar con su alegría las calles de Chiapa de Corzo, las miradas de los cientos de curiosos que se apostaron en las calles para ver el paso de las chuntás, el rostro silencioso de San Sebastián Mártir y la paz del Templo de Santo Domingo, perturbada por el ""desmadre"", por la fuerza de los ""vivas"", las chinchinas, la música de tambor y pito, que conquistaron como cada año el corazón de Chiapa, en el primer día de la Fiesta Grande.

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