"México * El Universal. El arte del collage representa una metáfora de lo que fue el artista Max Ernst, el más experimentador de los surrealistas. Toda su vida fue una constante reinvención de sí mismo y de su arte. Creía que todo hombre, artista o no, llevaba en su inconsciente un acervo incontable de imágenes sepultadas que había que sacar a la luz.
Si por sí sola la exposición ""Max Ernst. Una semana de bondad"" -que abrirá al público el 13 de agosto en el Munal- constituye una de las muestras más importantes que este año llegan a México, entre otras cosas porque representa un hallazgo presentado en su momento como uno de los tesoros mejor guardados del arte, la ocasión es sin par para acercarse a un universo plástico que acoge el sueño, la pesadilla, lo bestial, la fantasía, la monstruosidad y la inconsciencia.
Escultura, poesía y pintura fueron las formas de expresión que Ernst utilizó dentro o fuera de un movimiento artístico -primero Dadaísmo, luego Surrealismo-. Creaba en técnicas como el óleo y el collage; en éste último derivó hacia formas más experimentales -inventadas por él mismo, a veces por casualidad- como frottage, grattage y raclage.
Para Max Ernst el collage era ""la explotación sistemática de la coincidencia casual, o artificialmente provocada, de dos o más realidades de diferente naturaleza"". Comparaba esta técnica con ""la satisfacción de un deseo"".
Los días y su tiempo
De collages originales está formada la muestra que llega al Munal: son 184 obras que Ernst creó en el año de 1934 bajo el nombre de ""Una semana de bondad o los siete elementos capitales"". Ésta fue su tercera novela en imágenes; previamente había hecho ""La Mujer 100 cabezas"" (1929) y ""Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo"" (1930). Los collages de esta novela -a diferencia de las anteriores- prescinden de textos; fueron creados por él durante un viaje de tres semanas a Italia.
""Una semana de bondad o los siete elementos capitales"" ha sido definida como una novela collage que indaga en la identidad fragmentaria del mundo moderno. Apoyado en la reiteración, Ernst hizo una crítica a su tiempo, a la burguesía, la iglesia, la sexualidad reprimida y los nacionalistas que entonces querían imponerse a toda costa.
Entre las imágenes se puede ver a una mujer con alas de dragón, efigies de leones con máscaras, un Sherlock Holmes como efigie de la isla de Pascua. Los collages fueron realizados a partir de ilustraciones de novelas folletinescas del siglo XIX, creadas como grabados sobre madera. Tijera en mano, él elegía una lámina que era el escenario de una acción y sobre ella ponía objetos y figuras procedentes de otras ilustraciones.
Las imágenes de la novela recorren los días de la semana a través de diferentes elementos de la naturaleza y símbolos. El lunes era verde y agua; el martes, fuego y dragón; el miércoles, el día de la sangre y Edipo. Las últimas tres entregas quedaron reducidas a dos. Por única vez, el conjunto se exhibió en Madrid, previo a la Guerra Civil Española. No fue sino hasta 2008 cuando el Albertina de Viena volvió a presentarlas. Los collages de ""Une semaine de bonté"" son considerados como un auténtico manifiesto del surrealismo y una obra culminante para ese movimiento.
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