"Sara Regalado * CP. ""Cuando no hay trabajo allá afuera, me quedo en mi casa a jugar con la madera"", dice don Rogelio González Pimentel, quien desde hace 20 años pone rostro a cientos de chores que participan en el Carnaval Zoque Coiteco.
Desde hace varias semanas, este artesano originario de Ocozocoautla, Chiapas, prepara las máscaras solicitadas por todos los niños, jóvenes y ancianos que saldrán a partir del próximo domingo a hacer bulla durante el desfile del carnaval del pueblo.
""La gente me fue haciendo artesano"", asegura Rogelio, quien hace más de 20 años comenzó sólo como restaurador de máscaras, pero que poco a poco la gente fue confiando en él, en su trabajo y en sus dotes de artesano de la madera.
Cuenta que traía las bases por su anterior oficio, pues antes de ser artesano se dedicaba a la construcción. ""Hacía acabados bien hechos y me gustaba, ahí ya empecé a usar la escuadra y el metro; entonces, para hacer máscaras, aproveché esas herramientas y conocimientos que ya traía"", comenta.
Lo cierto es que la vena de artesano la ha tenido siempre y no la dejó mientras era albañil: ""Esas bolas que se quedan ahí tiradas de yeso o cemento, yo les empezaba a dar forma ahí. Mientras estaba desayunando, ya había hecho un pescadito, una carita..."".
Aunque la gente que le exige ha sido una gran escuela para él, Rogelio lamenta que no haya un lugar donde aprender en forma el oficio y que de repente esa labor se pierda. ""No hay una escuela para aprender, los artesanos viejos ya acabaron; pero yo aquí tengo a mis hijos y les enseño, me ayudan en todo el proceso de la máscara"", asegura.
El copal es la madera que mejor se presta para trabajar una máscara, la cual comienza con los trazos que van a guiar al artesano para elaborarla. Se dedicará después un tiempo a tallar la madera y otro a ligarla, para después colocarle el sellador y luego el fondo de color blanco. Lo último son los detalles, los colores en ojos, boca y mejillas. A don Rogelio le puede llevar entre uno y tres días hacer una máscara, dependiendo de lo exigente que se ponga el cliente.
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