Las memorias de Ulises no quedarán entre las sombras

"Fabián Rivera * CP. La noticia se regó como pólvora por las calles de Tuxtla. Más de uno sabía que él ya no estaba más entre nosotros. Su partida fue repentina y muy pocos tuvieron la fortuna de despedirse.

De esta manera decía adiós con un verdadero gancho al hígado para quienes lo conocieron o bien tuvieron la oportunidad de, por lo menos, cruzar palabra con él.

Ulises Mandujano Nájera, mejor conocido como el ""Che Garufas"", también recordado como ""Don Cenizo"" y como ""El Dandy Pérez"", y a quien se le atribuían las honras nobiliarias de ""Conde de Tolán y Marqués del Valle de Cintalapa"", gobernaba buena parte del oriente de la capital chiapaneca desde su peculiar castillo, la cantina de ""El Che"", abanderada por el lema ""Sos un caso perdido"".

Las paredes de ese templo donde seguramente más de uno vio brotar la felicidad del particular chasquido de una cerveza helada y recién abierta estaban tapizadas con recortes de periódicos, recuerdos, distintas imágenes de un hombre que si de algo podía presumir era de su habla franca, sin tapujos, sin pelos en la lengua.

Destaca de entre toda esta galería del recuerdo -un auténtico mosaico barroco, que apuntaba a distintos senderos e intereses- una fotografía con nada más y nada menos que una de las leyendas del box mexicano, ""El Púas"" Olivares.

El ""Dandy Pérez"" (personaje que, en palabras de Arcadio Acevedo, es la joya de la corona literaria del ""Che"") se codeó con uno de los íconos de este deporte que tantas glorias ha dejado para México.

Pero este breve acercamiento es un apunte más para los proyectos de Ulises, quien no logró superar una larga batalla contra el cáncer. Fue a principios de marzo cuando, el que esto suscribe, tuvo la oportunidad de platicar con el legendario ""Che Garufas"", quien entonces se notaba sereno, dispuesto a seguir en pie de lucha y a continuar con la batalla de los días.

Hombre de muchas voces y experiencias, sus ojos irradiaban una luz que sólo la paciencia de los años puede otorgar a quienes han recorrido distintos caminos de la vida. Se mostraba sereno, y estaba, en ese entonces, en vías de reunir el dinero necesario para poder editar el total de sus cuentos en un mismo volumen.

Tenía la esperanza de conseguir los fondos necesarios para poder realizar esta tarea, que seguramente la intelectualidad cercana a sus herederos tendrá a bien incorporar como una parte invaluable de la literatura chiapaneca.

Así pues, el eterno ""Che Garufas"", el hombre franco que estaba dispuesto a seguir tirando ""jabs"" en contra de la tristeza y la melancolía, dejó un importante legado de anécdotas e historias que, de ser rescatadas, permitirán tener una visión más amplia de ese Tuxtla que siempre ha hervido latente en el fondo de su ser, pero que pocos quieren ver o compartir; las entrañas de esta ciudad que ahora llora su pérdida.

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