Héctor (Alberto Guerra) y Andrea (Paulette Hernández) son hijos del dueño de una fábrica de chocolate. Tienen dinero, así que el futuro no es una preocupación real para ellos, ni tener una relación seria y menos familia, hasta que su padre muere y llega el momento de la lectura del testamento.
Para sorpresa de sus hijos, el patriarca ha puesto condiciones para darles la herencia: casarse, tener hijos y hacer un plan de trabajo para la empresa, todo supervisado por su tía Inés (Julieta Egurrola).
Héctor, que es adoptado, insiste en que su alergia por el chocolate —y poco interés— le impide tomar la enmienda, y aunque Andrea no es alérgica, tampoco le importa mucho el legado familiar, sin embargo, tienen que comenzar a verse más seguido porque lo que sí quieren es el dinero. Poco a poco, van descubriendo que existe una tensión entre ellos que se mezcla con recuerdos de la infancia y que no es un cariño de hermanos.
En entrevista los protagonistas de la nueva película de Corazón Films, Locos por la herencia, hablan de sus personajes y de la cultura patriarcal en la que crecen. Alberto Guerra, por ejemplo, no deja de contrastar la esencia de Héctor y su padre con lo que a él le ha tocado vivir como hijo y ahora, como padre de tres niños.
“Yo sí creo que este papá quería joderlos a todos alrededor, tanto a ellos dos como a la tía que no quería ser albacea ni encargarse de nada, ella lo que estaba pensando era en retirarse y ser feliz. También creo que habla mucho de lo que piensan los padres de los hijos, creo que estos dos personajes se encargaron de demostrar que ninguno de los dos estaba en la capacidad de llevar ningún negocio porque no pueden pensar más allá de sí mismos”, opinó.
Locos por la herencia se estrenará el viernes en cines mexicanos. La producción está a cargo de Luis Bekris y la dirección es de Juan Carlos Llaca.











