Libertad de expresarse

"Sara Regalado * CP. Siempre va a existir un suceso o un pretexto que invite a hablar de la libertad de expresión. Por eso hoy, en el Día de la Libertad de Expresión en México, no es raro tener tela de dónde cortar para abordar este tema. Y aunque esta celebración es casi siempre dirigida a los medios de comunicación, vale la pena abordar por esta ocasión la libertad de expresión en el arte.

Aún sigue causando revuelo el caso de la muerte de Víctor Martín Penagos Estrada, ""El Burla"", que, como se dio a conocer en este medio, falleció al recibir impactos de arma de fuego luego de ser sorprendido grafiteando la pared del hotel Maya Quetzal en San Cristóbal de Las Casas.



Hecho controversial

Al respecto, hay mucha opiniones encontradas: una parte de la sociedad se cuestiona si era o no justificable la muerte de un joven por esa situación; otros afirman que recibió su merecido por invadir y danar propiedad privada.

Lo cierto es que el graffiti existe, y cierto es también que está visiblemente fracturado por quienes lo realizan de forma ilegal y los que lo hacen con los permisos necesarios para realizar una obra de arte en un espacio público o privado.

""Si hubiera habido más conocimiento de parte de la persona que lo agredió y más conocimiento por parte de él mismo sobre lo que puede y no puede hacer, se hubieran vislumbrado claramente los límites en ambas partes"", es la premisa de Hugo Huitzi, uno de los artistas de calle, legal, más reconocidos de Tuxtla Gutiérrez y quien está consciente de que, desde su posición, no se puede quedar con los brazos cruzados ante hechos como el ocurrido, sino que, sin abandonar su postura de legalidad, debe ""bien influenciar a los grafiteros que van empezando, con el ejemplo y pintándoles la realidad del graffiti legal"".

Huitzi, quien ha encontrado un estilo inconfundible en dentro del street art, el esténcil y la gráfica, agrega: ""Yo no estoy en contra de la ilegalidad; ellos pueden hacer lo que quieran, pero, definitivamente, no abandono mi postura"".



Un tema para las autoridades

Por otra parte, menciona que las autoridades tienen mucho por hacer antes de ponerse a perseguir grafiteros arbitrariamente y sin el menor conocimiento de lo que realmente pasa en este círculo dividido en artistas y rebeldes: ""Si en vez de perseguir a lo loco, en vez de poner multas antes de especificar parámetros de lo que se puede y no se puede hacer, se informaran más sobre este fenómeno, ellos podrían ser mucho más certeros tanto para prevenir el vandalismo como para fomentar el arte"".

Siendo críticos, con una buena pieza de graffiti es posible llenar espacios muertos, abandonados y sucios de la ciudad, pero, además de este beneficio, Hutizi anade: ""A la sociedad le conviene que haya graffiti, porque, aun cuando no lo crean, muchos de los que hacen graffiti no toman, no se puede ir pacheco a pintar, y muchos hacen deporte, pues hacer una pieza requiere un enorme rendimiento y esfuerzo físico"".

Una parte medular en la regularización del graffiti es entender por qué se hace, si sólo es por imitación, rebeldía o una consecuencia de la mala vida que está llevando el adolescente y que encuentra en esta actividad una manera de gritar ""?aquí estoy!"", entonces se podrían tomar medidas para canalizar a esta persona, pues el graffiti en sí no le importa. Pero, si se hace realmente como medio de expresión artística, entonces hay que pensar qué espacios y beneficios se le pueden dar.

Por eso, Hutzi es preciso en las medidas que propone: ""En primera, se necesita un mediador entre las autoridades, la sociedad civil y los grafiteros. Necesitamos uno o unos que concilien entre todas las partes, con soluciones que respondan a todas las partes. En segunda, es claro que lo que ocurrió fue una respuesta a necesidades mínimas, como la falta de espacios. Podrían abrirse más; creo que con ello se podría disminuir el graffiti ilegal. Por último, crear bases legales, donde tú estés parado pintando con la certeza de que no habrá el mayor problema, que no te van a venir a marear con un oficio sacado de la manga, que sepas que se puede y que no se puede hacer y que eso se difunda tanto a los grafiteros como a la sociedad"".

Al final menciona: ""Son necesarios acuerdos, y saber que los grafiteros no son tan complicados como los ganaderos, los maestros o los transportistas. Es un núcleo con matices, pero sí se puede encontrar soluciones. Es el conocimiento el que nos va a librar de más 'burlas'"".

Hoy es tiempo, entonces, de responsabilizarse de la libertad de expresión, hacerla valer, pero sin rebasar límites.

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