Hablar de Comitán es hablar del barrio de San Caralampio; uno no se concibe son el otro, tal como lo explicó el cronista Amín Guillén en su libro Cántaro y yahual, apuntes para la historia del agua en Comitán, que recientemente vio la luz bajo el patrocinio del ayuntamiento comiteco.
La principal disyuntiva en torno a San Caralampio es que supuestamente no existe en el calendario de los santos varones, por ser cristiano ortodoxo; sin embargo, este personaje fue ejecutado en el año 200 d. C., tiempo que corresponde al cristianismo primitivo —aquel que los apóstoles predicaban—; 800 años después, en 1054, se hace la fractura y surgen los ortodoxos y lo romanos, por lo que viene a ser santo de la Iglesia cristiana primitiva, si bien en venerado en ambas iglesias.
El rechazo y complot contra San Caralampio proviene de que llegó a Comitán 322 años después que los dominicos, y actualmente es festejado desde el 10 de febrero. Esta fecha da pie a que se piense que fue un culto de Guatemala o Centroamérica, para celebrarlo junto con la Virgen de Lourdes, que se festeja el 11 de febrero.
El culto a San Caralampio en Comitán no inicia sino hasta después de 1950 y, según documentos históricos archivados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), su antecedente podría venir de Monterrey, donde se asienta en 1830 su primera capilla; ahí se encuentra hincado, igual que en Comitán.
Estos datos lo aíslan de un pensamiento religioso atemporal y propician que el complot contra su culto continúe, y que incluso permee hasta la capital de Chiapas. Según relata Amín Guillén en su libro de al rededor de 270 páginas, avecindados comitecos levantaron un templo a San Caralampio en las cercanías de lo que se conoce como la Cabeza Maya y el señalamiento vial que lo ubica está tachado con color negro.
Esto es una muestra de que el rechazo persiste en la época actual, ya que el templo que se erigió aquí no tiene más de 20 años. La foto de esto viene contenida en el libro del cronista.












