“La lluvia nos iba a acabar si no fuera por el trueno, porque la lluvia iba a caer como tromba. Pero nuestro Padre puso el trueno para que cortara la lluvia, porque el trueno quema el agua, el trueno corta el agua”. Así explica el pueblo mazateca cómo fue que nuestro Padre atajó las trombas, leyenda incluida en el libro de Elisa Ramírez Castañeda, No siempre fueron así. Esta colección de leyendas de varias etnias de poblaciones originarias de México va acompañada de las fotografías de Claudio Contreras Koob.
¿Cómo fueron hechos el mundo, el firmamento y los hombres? es la primera y más antigua pregunta que se han hecho los hombres, los seris, población originaria de Sonora, cuentan que Hant Caai, el hacedor de la Tierra creó los animales de la tierra y a los de agua, los puso en una balsa y ordenó a la tortuga verde macho que hiciera la Tierra, Hant Quizim “el que amaciza la tierra” la endureció. Luego Hant Caai hizo crecer un árbol, el torote rojo, y así hubo vegetación.
Más tarde hizo a un hombre, a una mujer y a un caballo y los puso bajo el árbol. Cuando la pareja tuvo hijos la tierra se pobló de gigantes. Pero la tierra era plana y siempre se inundaba; con las aguas venían el fuego, el humo y terremotos; para poder salvar a la raza humana Hant Caai cantó una canción y se formaron las montañas, los cerros y las dunas.
En la cartografía antigua se mostraba la tierra sostenida por tortugas gigantes, la edad clásica griega nos cuenta que el titán Atlas, había sido condenado a sostener la esfera; para los tarahumaras “El mundo no sea cae porque el camaleón lo detiene. Por eso es del mismo color que la Tierra: por eso hay que caminar con cuidado de no pisarlo”.
Para no mirar las estrellas como un espectáculo de luces, como suelen verlas los habitantes de las ciudades la leyenda del pueblo kiliwa, de Baja California, nos devuelve a la cosmogonía: “Cuando cae una lluvia de estrellas es porque hay una guerra en el cielo”. Las estrellas, para este grupo indígena, son fogatas del jefe guerrero que se prepara para combatir a su enemigo. Estas estrellas caen a la tierra en forma de lluvia y se transforman en flechas, arcos y plumas; son los restos de la batalla y nadie, advierten, debe recoger estos despojos para no enemistarse con Ma´ay kuyak, primer guerrero.
El mundo es distinto cuando lo vemos a través de los mitos y las leyendas, es descubrirlo de nuevo. Como si fuera un pase mágico, vemos en su espejo la historia del hombre infinitamente unida a los seres vivos con los que está en deuda.












