Las vacaciones de Navidad van a suponer para Kelsey un absoluto martirio. Sus padres han decidido hospedar en su casa a un joven inglés, un estudiante de intercambio, y a ella le han adjudicado su cuidado, pese a la negativa y a las pocas ganas que tiene de servir de niñera a un completo desconocido.
James, un chico de la alta sociedad, va a pasar las vacaciones de Navidad con los Graham, una familia de clase media americana. Kesley será la encargada de hacerla de anfitriona, pero la verdad es que no lo tendrá nada fácil: la personalidad excéntrica y sofisticada de James se desvelará muy pronto. Acostumbrado a un tipo de vida propio de las élites, no aprueba ni a los amigos, ni al hermano rasta, ni la comida, ni la forma de vestir de Kesley. James extiende periódicos para sentarse en el autobús, compra los alimentos más caros y exclusivos del supermercado, pide taxis cada día y humilla a Kelsey con sus comentarios impertinentes.
Aunque podemos entender su personalidad debido a la educación que ha recibido de niño rico cuyos padres nunca están cerca, atendido por sirvientes que están dispuestos a hacer su voluntad sin oponerse a nada, ha sido criado entre algodones, con cero contacto con la sociedad inferior a su nivel de vida y por eso desconoce lo que significa el calor familiar, tener amigos y, sobre todo, vivir una vida normal, como la de Kelsey y su familia. Por eso, cosas tan normales y tradicionales como ir al supermercado a hacer la compra y montarse en un autobús, para James es como lanzarse en paracaídas desde un avión sin haberse asegurado bien el arnés que lo sujeta.
A pesar de las continuas peleas, de las ironías fuera de tono del inglés y de los cortes exasperados de Kelsey, la convivencia les forzará a establecer pactos y, poco a poco, el abismo que hay entre ellos se irá estrechando. Hasta que una noche, con unas copas de más y ante la sorpresa de Kelsey, James la besará con la excusa del muérdago navideño.
Una de las cosas que más te gustarán será la personalidad de los protagonistas. Por un lado esta James, que no es el típico chico de libro juvenil; es guapo sí, pero también es arrogante, obsesionado con la limpieza, excéntrico, repelente, hipocondríaco y todo lo que puedas imaginar, y aunque haya un por qué de su carácter, éste no cambiará a lo largo del libro pero llegará un momento en que le tomarás cariño.
Kelsey es todo lo contrario a James, una chica normal que no va a aguantar desde el primer momento las exigencias del niño rico. Estas dos personalidades tan opuestas harán que se lleven como el perro y el gato, y que haya continuas peleas. Pero por algo se dice que los polos opuestos se atraen. Y que cuando ambos empiezan a sentir algo, esto continúa así. Eso me ha gustado mucho. Es decir, sabemos de muchos libros que empiezan con que los personajes se odian y que en la siguiente página ya todo sea de color de rosa. Aquí no. Ambos seguirán chocando en muchos aspectos y eso le da mayor realismo.












