Cae la noche oscura, tétrica, aterradora: el ulular del búho le hace los coros al silbar del viento entre los árboles, dejando en el aire un escalofrío congelado... Una joven de cabellos rizados se acurruca bajo un sinnúmero de mantas que caen sobre su cuerpo como una losa sepulcral. Entre las manos, un libro de tapas negras y negras páginas, un libro poblado por turbadoras ilustraciones de enormes ojos cristalinos que parecen cobrar vida bajo la luz del candil... Imágenes hechas con pincel y palabras empiezan a rodear a la muchacha, empequeñeciéndola ante la lúgubre danza de personajes que se ponen en marcha con el paso de las hojas: lánguidas damas de palidez nívea y triste destino, gatos con un solo ojo, corazones delatores que enloquecen al más cuerdo, retratos de hermosura vívida y muerte acechante... Unas letras impresas en rojo sangre descubren al autor de estas pesadillas, el ilustre Edgar Allan Poe, al que la atemorizada chiquilla solo conoce personalmente de refilón gracias a un inquietante poema sobre un cuervo charlatán. La inscripción también delata al ilustrador de estos relatos, el joven Benjamin Lacombe, que imbuido de un espíritu gótico y romántico interpreta con maestría la esencia de la obra del genial escritor estadounidense, perpetrando una exquisita edición de Cuentos Macabros que la asustadiza lectora antes mencionada se dispone a comentar.
Cuentos Macabros es la compilación de ocho relatos escritos por Edgar Allan Poe donde se aprecia perfectamente su dominio del género de terror y gracias a los que se comprende por qué es maestro y referente del mismo, pues maneja el horror psicológico con soltura y preciosismo. Despoja a sus narraciones de elementos accesorios, como consideraciones morales o explicaciones “lógicas” de lo sobrenatural, dejando que sus historias naveguen libremente sobre las aguas de lo imaginario, lo onírico, lo siniestro, lo innombrable. Una ambientación perfectamente conseguida, basándose en paisajes tétricos, situaciones extraordinarias, personajes turbados y, en conjunto, una atmósfera opresora y cargada de enigmas, logra coger de la mano al incauto lector desde el principio y llevarlo al centro del escenario, haciéndole partícipe de la trama y convirtiéndolo en testigo mudo de unos hechos estremecedores que no buscan el susto fácil, sino la tensión anímica interior. Planean sobre estos cuentos temas como la muerte, la soledad, el tormento, la obsesión y la tristeza, engastados entre sí de una manera única y primorosamente hilada, que logran conmover al lector por la belleza y precisión de una prosa sublime y angustiarlo ante una trama en la que acción, espacio y tiempo se conjuran en torno a espíritus oscuros, que van haciendo crecer poco a poco una inquietud soterrada ante la cual los más miedicas tendemos a encender las luces, mirar de reojo a todos los rincones y buscar compañía o entretenimiento para difuminar los temores que van generando estas perturbadoras historias.












