LIBROS

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El arca de Schindler es una novela escrita por Thomas Keneally y ganadora de un premio Booker en 1982. Fue adaptada para el cine como La lista de Schindler, película dirigida por Steven Spielberg. En Estados Unidos el libro se tituló Schindler’s List; en cambio en los países miembros de la Commonwealth dejaron el título original.

La novela trata la historia de Oskar Schindler, miembro del partido Nazi que acaba siendo un héroe. Al fin de la guerra, Schindler salvó a 1,200 judíos de los campos de concentración en Alemania y Polonia.

Keneally escribió un gran número de novelas de este tipo antes de El arca de Schindler, que fue premiada con un premio Booker a la novela de ficción en 1982.

Oskar Schindler era alto y rubio, alemán y católico; aunque estuviera casado, sus amantes se disputaban el pri­vi­le­gio de dedicarle una noche de diversión mientras el dinero corría por sus manos generosas.

Construyó en Cracovia un campo de con­cen­tra­ción que era a la vez una fábrica. Tras los muros de este campo albergó a miles de judíos, que encontraron ahí su salvación.

En Jerusalén, en la Avenida de los Hombres Justos, hay un árbol que recuerda la emotiva historia de Oskar Schindler, que Thomas Keneally ha una apasionante novela que revela la vida de un místico personaje.

Es un libro duro, aunque menos duro que su adaptación cine­ma­to­grá­fica, excelente adaptación, aunque solo sea porque es difícil imaginar tantas atro­ci­da­des y basadas en hechos reales, y vién­do­las en imágenes, aparte de cruel, da verdadero escalofrío.

Un libro en el que se muestra lo peor y lo mejor del ser humano, capaz de los actos más violentos ima­gi­na­bles, pero donde destacan personas dispuestas a obrar correctamente, a riesgo de su propia vida.

El libro consigue que el lector empa­ti­ce con Oskar Schindler desde el primer momento en que se le presenta en la historia; en su mayoría está basado en los informes pro­por­cio­na­dos por sus pro­te­gi­dos, los llamados “schind­ler­ju­den”, cuyo respeto por el protector alemán consigue minimizar sus errores y resaltar sus aciertos, casi consiguiendo que los lectores, tras conocer su historia, puedan incluso a llegar a estimarlo.

Es un libro repleto de momentos en que narra acciones crueles, pero también algunos muy buenas, en su mayo­ría, de Oskar Schind­ler. En él se encuentran multitud de frases, reflexiones y pen­sa­mien­tos a destacar.

Oskar cumplía treinta y siete años y acababa de abrir una botella de coñac, sobre su escritorio había un telegrama de una planta de montaje de armamentos, decía que las granadas de Oskar estaban tan mal hechas que no soportaban uno solo de los controles de calidad. Oskar parecía extasiado con el telegrama y dijo:

“Es el mejor regalo de cumpleaños que podía haber recibido, ahora sé que mis productos no pueden matar a ningún pobre infortunado”.

Tenía la única fábrica no rentable de la Alemania nazi, y encima era a propósito; a las SS no les cuadraba cómo podía ser eso, que con tantos pri­sio­ne­ros judíos no fuera capaz de hacer algo bien. Y era, simplemente, porque mientras estuvieran allí, por mal que pudieran estar, estarían mejor que en cualquier otro sitio; Conllevara pérdidas millonarias, sería una forma de contribuir al fracaso de los pro­pó­si­tos nazis.