“Cómo han sido ordenados estos papeles, es algo que quedará aclarado al leerlos. Se ha eliminado todo lo superfluo, a fin de presentar esta historia (casi en desacuerdo con las posibilidades de las creencias de nuestros días) como simple verdad. No hay aquí referencia alguna a cosas pasadas en las que la memoria se pueda equivocar, dado que las anotaciones recogidas son rigurosamente contemporáneas de los hechos, y reflejan el punto de vista de quienes los consignaron, tal como ellos lo conocieron”.
Con este párrafo tan convincente da inicio la obra de Drácula. En ella, y como es del dominio popular, Jonathan Harker, prometedor pasante de una prestigiosa firma de procuradores, es apremiado a concluir unas negociaciones en Transilvania con cierto conde, de gran fortuna, que desea adquirir algunas costosas propiedades en Londres. Su antecesor en el cargo ha desaparecido sin dejar rastro aparente.
Una vez el joven ha llegado al castillo del conde, tras ser testigo de la superstición local, comienza a observar poco a poco cómo el castillo en el que desarrolla su labor es lóbrego, siniestro y alberga más secretos de los que parece a simple vista. Por insistencia del conde, que no admite una negativa, Harker escribe a los suyos para indicarles que permanecerá durante más tiempo del previsto en esa inhóspita región de los Cárpatos. El misterioso conde le advierte que sólo la habitación que se le ha adjudicado es segura, debiendo evitar el resto del castillo. Cuando comprende que es prisionero del conde, este envía a tres seductoras mujeres que le mantienen vigilado. Pero sigue haciendo averiguaciones como las cincuenta cajas que guarda Drácula en el sótano, vitales para sus planes futuros. En su última entrada en su diario, sabe que ha sido entregado a las tres mujeres definitivamente y teme por su vida.
Al mismo tiempo conocemos de la existencia de su prometida, Wilhemina (Mina) Murray, por la descriptiva correspondencia que mantiene con su adinerada amiga, Lucy Westerna, que le responde contando sus deseos de casarse y los tres candidatos que compiten por su amor. Uno de ellos en Quincey P. Morris, joven millonario estadounidense de Texas, y único que conoce la existencia de ciertos murciélagos que beben sangre. Otro es el Honorable Arthur Holmwood, perteneciente a la alta sociedad londinense y que si bien al principio de la novela se muestra más pusilánime, su valor se va acrecentando capítulo a capítulo. Por último está el doctor John Seward, el más importante de los tres a efectos de la narración por ser el director del manicomio donde está encerrado R. M. Renfield que aguarda la llegada de su amo (que no es otro que Drácula) y pedir ayuda a su antiguo mentor: el profesor Abraham van Helsing.
“R. M. Renfield, aetat 59. Temperamento sanguíneo, gran fuerza física, excitable patológicamente, periodos de depresión que terminan con una idea fija imposible de precisar. Supongo que el temperamento sanguíneo unido a una influencia perturbadora provoca la obnubilación total de la conciencia, posiblemente es un hombre peligroso, aunque carece de egoísmo. En los egoístas, la cautela es una armadura tan eficaz para sus enemigos como para ellos mismos. A este respecto pienso lo siguiente: cuando la idea fija es el yo, la fuerza centrípeta se equilibra con la centrífuga. Cuando se trata de un deber, una causa, etc., la fuerza centrífuga es extrema y sólo la puede equilibrar un accidente o una serie de accidentes”. Del Diario del Dr. John Seward.
Drácula comienza a desarrollar su estrategia trasladándose a Londres junto con las cincuenta cajas de madera llena de tierra de Transilvania, el único lugar donde puede descansar en paz, y tras un viaje infernal en el barco Deméter (paradójicamente, es el nombre de una diosa griega que, entre otras cosas, representa la eterna juventud). El conde puede convertirse en niebla, en cualquier animal inferior como murciélago, lobo o simple niebla. Su fuerza e intelecto equivale a la de muchos hombres en plenitud de facultades. Regenera las heridas sufridas y puede pasar aletargado largas temporadas. Es especialista en muchas ramas del conocimiento y no es un adversario que pueda ser tomado a la ligera. Cuando convierte a Lucy Westerna en la Dama Blanca que asalta a la gente por la noche, el grupo comprende que Drácula no se detendrá ante nada para llevar a cabo sus planes y, lo que es peor, que están solos en su cruzada.
Se nos vuelve a terminar el espacio, nos leemos la próxima semana con la tercera y última parte de esta magnífica obra.












